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Monday, September 20, 2010

Ciao, Ciao, Bambina: Historia de los Italianos en el Peru

                                                        CIAO CIAO BAMBINA


 El título de este artículo evoca la canción ganadora del Festival de San Remo en 1958, compuesta por el cantautor Doménico Modugno, y que en una de sus líricas traducidas al español, dice: “Adiós, adiós mi niña, bésame una vez más.  Quién sabe si alguna vez te volveré a ver. El amor es como un cuento de hadas; Sucede una vez, y quizás nunca más. ¿Cuántos de estos italianos habrán despedido así a sus amores cuando dejaron su tierra natal en busca de mejores oportunidades alrededor de ese vasto mundo que se les ponía sus pies?  Porque vaya que los italianos fueron grandes viajeros, navegantes y comerciantes que participaron en la conquista del Nuevo Mundo.
Esta es la historia de los italianos en el Perú.  Ellos han vivido desde hace muchísimos años en el Perú, contribuyendo a la vida económica, social y política de nuestro país.  El idioma castellano, introducido por los españoles tenía raíces latinas, heredadas de la época de la invasión romana. La emigración italiana al Perú es una de las más importantes en Latinoamérica después de las de Argentina, Brasil, Uruguay y Venezuela.
El primer italiano que pisó tierra americana fue Cristóbal Colón, que como buen genovés, fue un gran navegante que fue comisionado por los reyes católicos de España para descubrir una nueva ruta comercial hacia el Asia que le permitiera  tener hegemonía para la obtención de productos, en especial, las codiciadas especias y el oro. Hay que recordar, que la actividad más importante de Génova, durante los siglos XII y XIII fue el comercio marítimo, y esta república  independiente, en aquel entonces, desempeñó un papel importante en la revolución comercial de la Europa de aquellos tiempos y se convirtió en una gran potencia naval. A sus puertos llegaban los productos de todo el mundo y se realizaban importantes transacciones bancarias.  Fue allí donde la industria textil tuvo sus comienzos. Desde 1528,Génova y España estaban unidos por vínculos financieros y logísticos. España fue protectora de su libertad y les retribuyó con grandes beneficios económicos.  El descubrimiento del Nuevo Mundo por Colón  colocó a España como primera potencia colonial y como la nación más  importante del mundo. En esta época florecieron   la arquitectura, la literatura y las bellas artes.
Después del descubrimiento de América, España se abocó a la tarea de Conquista y sometimiento de los nuevos pueblos.  Al llegar Pizarro al Perú, trajo consigo a varios soldados italianos como Simón Genovés y Pedro Milanés, que participaron en la captura  de Atahualpa en 1532.  La mayor parte de ellos venían de la Liguria, región al Noroeste de Italia, adonde está situada Génova. Según el historiador Giovanni Bonfiglio, en su libro “Presencia Italiana  en el Perú”, entre los años 1530 y 1560, había alrededor de 50 italianos ligures entre el Puerto de Callao y Lima.
Fue por estos años que los genoveses se dedicaron a establecer en el Perú una serie de empresas de navegación y comercio.   Estos viajes fueron impulsados por la política de la colonia española, con Carlos V, quien  permitió la libre inmigración a las Indias de personas de origen no español, que fueran súbditos del imperio (Nápoles, Milán y Sicilia que eran vistos como amigos y aliados de España)  y a todos los súbditos naturales del imperio y a los genoveses. Según Bonfiglio, este tipo de intercambio fue llamado “comercio de cabotaje” y  se extendió hasta el siglo XIX cuando desapareció el monopolio comercial español en América. 
Además de esta actividad, hubo algunos italianos que se establecieron en diversas partes del país y se dedicaron a tareas de mercadeo y venta de productos alimenticios en las famosas pulperías que siguieron en existencia y estuvieron muy difundidas allá por el siglo XIX.  Los apellidos Porri, Astra, Corso, Niza, Catagno , Sanguinetti, del Pino, Román, Malaspino, Machiavello, Pascuale, Dagnino (que luego se cambió el nombre por Dañino), todos, aparecieron por esa época.
Entre 1532 hasta mediados del siglo XVII, según  el investigador Radicatti di Primeglio, habían 343 italianos; la mayor parte, genoveses…algunos, napolitanos, milaneses, sicilianos, corsos y venecianos.
El siglo de oro español, que comienza en la segunda mitad del siglo XVI (reinado de Felipe II) tiempo en el que España fue conocido en el mundo entero por la expansión de su imperio, por la acumulación de grandes riquezas extraídas de las Américas, así como por su gran producción artística, tuvo una gran influencia en sus  colonias.  La expulsión de los moriscos, las guerras de separación de Portugal y Cataluña, los bandidos, la falta de recursos que provenían de América, cada vez más escasos, inciden en el proceso expansionista del Imperio. Comienzan las derrotas exteriores y con ellas, el desmembramiento del Reino.
Durante los primeros años del virreinato del Perú, el arte fue exclusividad de los religiosos, y se utilizó con el fin de difundir la doctrina católica.  Así, tuvieron gran demanda las pinturas y esculturas religiosas destinadas en gran parte a los templos e iglesias. En esta etapa, la pintura recibió, además de la influencia española, una gran influencia del renacimiento italiano, debido a la llegada de muchos pintores de esa nacionalidad a nuestro país. El primer pintor italiano  en llegar al Perú fue Bernardo Bitti, religioso Jesuita, quien desde 1575 difundió su obra por todo el virreinato. En la Iglesia de San Pedro, en Lima, hay dos cuadros pintados por él: La Coronación de la Virgen y La Virgen de la Candelaria.  Destacaron también, entro otros, Mateo de Alessio, discípulo de Miguel Angel y autor  de la imagen bíblica del antiguo testamento en la Capilla Sixtina en Roma;  y Angelino Medoro, quien pintó el cuadro de Santa Rosa de Lima yacente.  Entre las esculturas que se importaron, tuvieron mucho auge aquellas que venían de Flandes e Italia, así como por supuesto, las de escultores españoles.  En el campo de la arquitectura, literatura y teatro, también se vio la influencia italiana. Nuestro cronista, Garcilazo de la Vega, fue influido por la literatura Italiana.  En sus Comentarios Reales compara los caminos incaicos con las vías romanas, o Roma con el Cusco. El jesuita Ludovico Bertonio publicó el primer  vocabulario de la lengua aymara .
En 1584, Antonio Riccardi trajo, por encargo de los jesuitas, la primera imprenta al Perú; primera en toda Sudamérica, que permitió la publicación de los primeros libros, no sólo en Lima, sino en toda esta parte del mundo.
Durante el reinado de Felipe II, se dieron grandes restricciones a la entrada libre de emigrantes que no fueran españoles, al Nuevo Mundo. Fue así que disminuyó notablemente la llegada de italianos al Perú. Sin embargo no faltaron quienes vinieron haciendo uso de diferentes argucias o cambios de identidad, o como acompañantes de las autoridades políticas del virreinato o de la aristocracia española, que estaba emparentada con familias italianas o que habían vivido muchos años en Italia. Así por ejemplo, los virreyes Francisco de Aragón, Príncipe de Esquilache y Luis Enríquez de Guzmán, Conde de Liste, procedían de familias italianas. Otros, como el Conde de Lemos y el Duque de la Palata, tenían esposas pertenecientes a la nobleza italiana. Teodoro Rospigliosi, enviado como alférez del rey de España  en 1647, fue primo de los príncipes Rospigliosi de Roma y  sobrino del papa Clemente IX.  Muchos virreyes que vinieron al Perú, alguna vez habían vivido en Italia o detentaban títulos nobiliarios italianos heredados de sus familias.  Debido a la presencia de esta corriente migratoria, ya en el siglo XVII se consolida el influjo italiano en el campo de las artes y letras.  Juan Espinosa Medrano y el Padre Ojeda, literatos de aquella época, introducen elementos italianizantes en sus obras.
La influencia de la Iglesia  se hizo sentir fuertemente en las colonias; sobretodo en el siglo XVII, en el que se introduce una gran rigidez religiosa y surge la Inquisición. Fue la época en que aparecen la mayor cantidad de santos peruanos.  Aumenta también, la migración italiana, especialmente de religiosos jesuitas, que emprenden la tarea de la evangelización y de la escritura de crónicas que servirán posteriormente  como testimonio de los años de la colonia.
Con la muerte de Carlos II en 1700, termina la dinastía de los Habsburgo, se reparten las posesiones españolas en Italia  y suben los Borbones, con Felipe V.  La influencia italiana se deja sentir en España y por ende en sus colonias, ya que Felipe se desposó dos veces con italianas, Carlos III  fue rey de aquella región, y  Carlos IV, era Napolitano de nacimiento. Con Carlos III  se consolidó  lo italiano en el Perú, al darse  las Reformas Borbónicas, que permitían el comercio, tráfico y navegación entre y hacia las colonias, aunque de forma controlada, con el fin de evitar las pérdidas al fisco ocasionadas por el contrabando. Esto permitió la llegada de mercadería e inmigrantes italianos sin intervención de España.  Asimismo,  se hizo un reordenamiento urbano similar al que se había hecho en Nápoles y una reforma administrativa del estado. También se propició la entrada del arte neoclásico de corte italiano, dejando de lado el estilo barroco en la arquitectura.
Al igual que en la época de los Habsburgo, llegaron al Perú muchos virreyes que habían vivido en Italia o estaban emparentados con nobles de esa nacionalidad... Pero tuvimos un auténtico virrey italiano, Carmine Nicola Carracciolo, de origen Napolitano.
Llegaron muchos religiosos, literatos y artistas acompañando a las autoridades. En la segunda mitad del Siglo XVIII el Virrey Amat y Junient, quien había vivido en Italia, construyó el paseo de Aguas emulando a la Plaza Navona de Italia
A fines del siglo XVIII, Giuseppe Rossi  fundo La Academia Filarmónica de Lima, que luego se convertiría en la Sociedad Amantes del País, importante institución que reunió a lo más selecto de intelectuales de la época, y que en 1792 dio luz al Mercurio Peruano, importante medio de opinión cultural y política, a través del cual se gestaría la gesta emancipadora y la independencia del país.
La revolución Francesa de 1789, sentó las bases para el decaimiento de las monarquías y el surgimiento de movimientos emancipadores e independentistas en las colonias; el monopolio de España con sus colonias comenzó a decaer.  Con la invasión de Napoleón a España, esta situación se agravó aun más.  Los italianos, aliados de España, se comenzaron a refugiar en ese país para protegerse de los conflictos internos que también se suscitaban en su país y muchos de ellos fueron enviados a las Américas con cargos políticos o militares.  Esto aumentó más el tamaño de la colonia italiana en el Perú, conformada mayormente por comerciantes y navegantes que se asentaron y formaron familia con peruanos. En el censo de 1775, la colonia italiana en el Perú se sindicaba como la más numerosa de todos los inmigrantes. Los más ricos comerciantes italianos estaban vinculados con el comercio marítimo.  Otros se dedicaron mayormente a negocios más modestos, como alojamiento, cafeterías, tabernas y pulperías. Otros, pusieron relojerías, platerías, o confeccionaban lápidas para los cementerios. Según Bonfiglio, se considera como pioneros de la moderna inmigración italiana a dos comerciantes ligures que llegaron en la primera década del siglo XIX: Antonio Dagnino, que radicó en el Callao desde 1802 y Felix Valega, desde 1806.  Valega llegó en el mismo barco donde llegó José de Abascal, el penúltimo virrey del Perú(según Porras Barrenechea), y el músico genovés, Andrea Bolognesi, padre de nuestro Héroe de la Guerra con Chile, Francisco Bolognesi.  Valega llegó a tener una fortuna inmensa, y financió la Catedral del Callao.  Ellos formaron parte de la  primera elite empresarial peruana.
En 1829 llego al Perú el italiano Alejandro Malaspina en una expedición científica encargada por Carlos IV con el fin de investigar las riquezas naturales de nuestro país y nuestros recursos hidrográficos.  Por desacuerdos con el rey, nunca se publicaron sus resultados, pero  se sentaron las bases para que un siglo más tarde, Antonio Raimondi, otro italiano, hiciera una investigación más exhaustiva de nuestros recursos naturales.
En 1845, con el boom del guano, durante la época de Castilla, se dio un incremento de la inmigración italiana, quienes atraídos por la bonanza económica, se volcaron hacia el Perú. En Tarapacá, región que formaba parte del Perú antes de la Guerra con Chile, se establecieron a mediados del siglo XIX, muchos italianos atraídos por el auge económico del salitre.  Según datos del censo de 1876 en el Perú, había un total de 5005 italianos en la provincia de Tarapacá, tercer asentamiento extranjero en número, por lo cual nombraron a Ugo Rosi, como Real Agente Consular.
Se produjeron muchos nexos comerciales y marítimos, amparados en el tratado de comercio y navegación firmado por el Perú con varias naciones extranjeras, entre las que estuvieron algunos Estados Italianos, ya que la Unificación italiana no se dio hasta 1861. Recién en 1874 se firmó un tratado de navegación y comercio directo con el gobierno unificado de Italia.
En 1851, debido  a los fracasos revolucionarios de 1848 y 1849 en Italia, llegaron al Perú muchos italianos que habían participado en la rebeliones allí suscitadas: Garibaldi (héroe de la Unificación Italiana, vivió dos años en el Perú, durante los cuales participó en el enganche de culíes para el trabajo en la extracción de guano) Eboli, Sicoli (combatió con Castilla en la campaña militar contra Vivanco como refugiado político enrolado en el ejército peruano.  Luego regresa a Italia y se une a Garibaldi en la lucha por la liberación de Nápoles. El Perú le otorgó una pensión de invalidez por una pierna perdida en un combate en el Perú) y el sabio naturalista, Antonio Raimondi (su mausoleo se encuentra en el cementerio Presbítero Maestro de Lima), entre otros. En 1858, había alrededor de 5000 italianos en Lima de un total de 95.000 habitantes. En 1876 había más de 7000 italianos.
En 1860 llegaron numerosos colonos a los que el estado, dentro de una política de inmigración europeizante y racista del gobierno de turno, les otorgó tierras e implementos de cultivo, sobre todo en la Selva Peruana.  Esta política no tuvo mucho éxito.
Los italianos apoyaron al Perú  cuando España intentó en 1866, la recuperación de sus colonias, después de haber visto el tremendo impacto comercial que tuvo la exportación y venta del guano en el extranjero…especialmente en Inglaterra, rival española. En el combate de 2 de Mayo de 1866, muchos bomberos vountarios se unieron a la causa peruana, uniéndose a la lucha o actuando como enfermeros auxiliares de las tropas.
 En 1861, ya dada la unificación italiana se inician las negociaciones del  Perú  con Italia como Estado y sujeto de derecho internacional
En 1872 se creó la Sociedad de Inmigración Europea, con el fin de promover la inmigración de ciudadanos de ese continente. A principios del siglo XX, llegaron alrededor de 13,000 inmigrantes, a los que el Perú les facilitó los pasajes así como apoyo financiero para que se establecieran.  Entre los italianos, la mayor parte de ellos procedían de la región de la Liguria, cuya capital es Génova, y otros eran Lombardos, Piamonteses, y de otras regiones. La mayor parte de ellos se instalaron en el Callao, como comerciantes, pescadores o marineros. Unos cuantos se fueron al interior del país; en especial a Chanchamayo o a la Merced, donde establecieron una colonia bastante importante con los años. Además de Chucuito en el Callao, donde se asentaron la.mayor parte de los inmigrantes italianos dedicados a la navegación y al comercio, La Victoria poseía durante los años 20, una significativa colonia italiana. Los nombres actuales de las calles delatan claramente esta antigua presencia: Raymondi, Italia, Cánepa, Garibaldi. Incluso, el actual Jr. Renovación se llamó durante muchos años 20 de septiembre que era, como bien sabemos, el día nacional  italiano.  Su primer Alcalde, en 1920, fue el italiano don Juan Carbone.
En Lima, como veremos más adelante, llegaron a dominar el pequeño comercio y establecieron una serie de albergues, fondas, bodegas, panaderías y pulperías; y muchas de ellas subsisten hasta nuestros días.  Según Bonfliglio, los italianos poseían un 30% de las huertas limeñas que producían legumbres y panllevar.
Hacia 1867, con el fin de la época dorada del guano y el inicio de la Guerra del Pacífico en 1879, muchos italianos se adhirieron a la causa de este país que los había amparado.  Muchos murieron en combate contra los chilenos, como Pietro Luigi Storace, o los 20 bomberos italianos que murieron en el incendio de Chorrillos o los fusilados en Arica e Iquique. Y por supuesto, Francisco Bolognesi, hijo de un italiano, que como ya se ha mencionado, murió heroicamente en el Morro de Arica en 1880.
Después de la guerra, y a inicios del siglo XX, los italianos llegaron al Perú en flujos regulares.  En 1903, ya eran como 15,000.  Las dos Guerras Mundiales impulsaron la inmigración de un mayor número de ellos. La llegada de italianos fue disminuyendo después de las guerras y según Bonfiglio, en 1961 solo había alrededor de 5000 italianos; numero que ha ido bajando significativamente con el paso de los años hasta nuestros días.
En 1921, para el primer centenario de la Independencia peruana, Italia donó al Perú, por gestión de Salocchi del Banco Italiano, el espléndido palacio que alberga al Museo de Arte.
A  fines del siglo XIX se crearon numerosas instituciones italianas, como la Beneficencia Italiana, el Hospital Italiano (se creó en 1884, primero en la Av. Grau, y después se trasladó a San Isidro….donde muuuuuuchos años después yo nacería), el Colegio Santa Margarita, la Sociedad Italiana de Instrucción en el Callao (la primera escuela italiana de la costa del Pacífico.  Con la guerra del Pacífico, ésta se separó en dos locales: uno en el puerto y otro en Lima. Posteriormente en 1930, esta escuela daría paso a la creación del colegio Antonio Raimondi, que contó con ilustres profesores como Raúl Porras Barrenechea y Julio C. Tello), el Banco Italiano o Banco de Crédito (Se creó en 1888. Con la administración de Gino Salocchi, se gestionaron los primeros créditos en el Perú y se fomentó el crecimiento económico del país.  Fue en esta época que se dio un acercamiento muy grande entre la banca y la industria nacional.  Con la devaluación de la moneda, la disponibilidad de crédito, lejos de expandirse y diversificarse, permaneció centralizada en rubros muy específicos de garantizada rentabilidad. La industrialización, tal como se dio a finales del siglo XIX, fue bastante centralizada y generó una marcada diferenciación entre los empresarios; situación que se vio fortalecida por la naturaleza del crédito ofrecido.  Tal vez ésta fue la principal razón que movió a la colonia italiana a fundar su propio banco en 1889), y la compañía de Bomberos, llamada la Bomba Roma (posteriormente se crearían compañías de bomberos italianas en Bellavista, Chorrillos y Callao). En el campo industrial,  Bonfiglio nos cuenta que entre 1880 y 1925, se crearon 106 fábricas, de las cuales 75 pertenecían a extranjeros, que ante la devaluación del papel moneda, tenían más facilidad para la obtención del crédito foráneo; de aquellas, 45 pertenecían a italianos.  En la Sociedad Nacional de Industrias, de 76 socios fundadores, 42 eran extranjeros y 25 de aquellos eran italianos.
Las empresas nacionales se unieron con las extranjeras pues estas ofrecían mejores oportunidades de financiamiento, además de mejores técnicas y una mayor capacidad empresarial
 El italiano Bartolomé Boggio y el norteamericano Enrique Price fundaron la Fábrica de Hilados Santa Catalina, en 1888, que posteriormente paso a ser propiedad en su mayoría de familias nacionales como los Peña y Prado y los Ugarteche y los Costa (ascendencia italiana). Posteriormente, al diversificarse la fábrica, se formaron las empresas electricas,  en las cuales el 30% de las acciones pertenecía a familias italianas.
Gio Batta Isola funda en 1887 la Fábrica de tejidos San Jacinto y dos años más tarde integra el directorio del Banco Italiano, como su presidente.  También fundó por esos años, la Vitivinícola Vista Alegre y la Compañía de Seguros Atlas.  De otro lado,  otros inmigrantes italianos fundaron varias fábricas: como  la fábrica de helados "D'Onofrio" en 1897 ; Luis Nicolini fundó el Molino La Unión para la  elaboración de harina de trigo y de fideos   en 1900 ;y Eugenio Cogorno, en 1928 establece el Molino Excélsior; negocio de familia que luego funda la fábrica de Fideos Cogorno en 1954. En 1981 se diversifican y producen alimentos balanceados para animales de crianza. En 1988, se funda el Molino Trujillo, extendiéndose asi, el alcance descentralizado   de este negocio. . .En 1906 había en Lima 7 fábricas de fideos y 12 en provincias. La industria vitivinícola se inició con Queirolo. Muchos italianos destacaron en la industria de panificación, como Cuneo y Rovegno.  Hoy en día las familias de muchos de estos inmigrantes han continuado la tradición de sus abuelos y siguen destacando en todos los campos industriales.
Los italianos nos han dado un importante legado en lo que a gastronomía se refiere.  Cuando vinieron por primera vez, allá por los 1532, conocieron nuestros productos, como el tomate y la papa y se los llevaron para sus tierras, y nos los devolvieron en forma de ñoquis y una salsa de tomate con carne u hongos, deliciosa. Ellos a su vez nos trajeron numerosas hierbas aromáticas que a su vez ellos heredaron del Asia, como la albahaca, el laurel, la menta, la hierbabuena, el romero, el culantro, etc., muchas especias, los vinos maravillosos, licores exquisitos como el Amaretto y los fragantes quesos tan famosos en Italia, como el Parmesano o el Mozzarella, el salami, pastrami , el jamón de Parma o la mortadela, los famosos panes o el vinagre balsámico de Modena.  Todavía me acuerdo de Bacigalupo, en la esquina de 28 de Julio y Larco en Miraflores, mi barrio, donde siempre parábamos de chiquitos y nos llamaban la atención los tremendos costales llenos de legumbres, los botellones con las mejores aceitunas, los vinos, la sección de jamones y salames que olían riquísimo, y los tamales que vendían los domingos..Pero más me acuerdo de las veces que con su paciencia y hospitalidad aceptaban a los muchachos malcriados que nos robábamos los frejoles para jugar al Bingo en nuestras covachas del barrio. ¿Quién no se ha comido unos tallarines verdes hechos con la fragante albahaca, o los tallarines rojos hechos con salsa de carne…o los hechos a la huancaína?  El Osobuco (carne de ternera) con la polenta, es otro plato que mayormente se ofrece en restaurantes sofisticados. La Pizza, preferida en todo el mundo y que nos hace salir del paso cada vez que no queremos cocinar, y encargamos al italiano de la Pizzería que haga volar la pasta hecha con levadura y harina y la llene de pastrami, u otras verduras y aceitunas, mucha salsa de tomate, quesos y hierbas, y la deje inflar en el horno para calentita engullirla,  ya sea en el restaurante o en la casa; ya ha dado muchas vueltas por el mundo y se ha convertido en comida preferida de chicos y grandes. El famoso Menestrón con su albahaca y lleno de verduras, choclo, garbanzos, frejoles y carne, también es de ascendencia italiana.  Nosotros le hemos impreso nuestro gustito especial agregándole más ingredientes de lo que normalmente hacen los italianos.… Los ñoquis, los ravioles, la lasaña (que ahora la hacemos hasta rellena de mariscos), la Torta Pasqualina que se convirtió en el famoso Pastel de Acelgas, el mondonguito a la italiana, o los postres como los canolli, el tiramisú, la cassata, o el famoso Panetón que comemos en la Navidad y Año Nuevo y muchos platos más que ya no tienen una, sino dos nacionalidades…la peruana y la italiana; porque nosotros le hemos impreso nuestro gusto y una vez más se ha producido un sincretismo exquisito, un intercambio cultural inigualable. El ítalo-peruano ya no come los tallarines solos, como entrada simple como acostumbran en su país, sino que los acompaña con su milanesa…qué escándalo…y más, comerlos con esa salsa típica que son la huancaína o la ocopa.  La Trattoría Italiana, que cuando abrió en 1954 fue el Bar Italia, fue comprada por la familia Bachelli en 1956, que lo convirtió en un restaurante que confecciona su propia pasta (por eso el nombre trattoría) y hoy en día sigue siendo un ícono de la comida italiana en su más refinado sabor, pero que ofrece nuestro elemento criollo con la mayor naturalidad.  También son famosos desde hace muchos años, el Bar Cordano en Lima, donde se han reunido la “créme de la politique” y de la literatura, además de toda clase de parroquianos y donde han corrido muchos chismes políticos; la Pastelería y Panadería Rovegno, donde todavía se comen los mejores pasteles y panes;  la Sanguchería Carbone todavía nos siguen recordando la presencia italiana en Lima; Y no olvidarnos del Queirolo, donde venden los sánguches más ricos y los vinos más seleccionados y los sancochados de los viernes, más un arrabal de otras comidas típicas peruano-italianas de estos grandes inmigrantes.…En provincias, y en cada rincón adonde ellos fueron, se sigue recordando el gran esfuerzo y tesón de estos valientes inmigrantes.

"Los viajeros Italianos en el Perú". SIGLO XIX - INICIOS DEL SIGLO XX
A FINALES DEL SIGLO XIX - INICIOS DEL SIGLO XX

Accinelli, Arena, Astengo, Bacigalupo, Badani, Baglietto, Bandini, Barducci, Belli, Benvenuto, Bernasconi, Bianchi, Bianchini, Boggio, Bonicelli, Borda, Borea, Bortesi, Bosio, Botto, Brambilla, Bresani, Brescia, Brignardello, Broggi, Buzzio, Buzaglo, Canepa, Capriatta, Capurro, Carozzi, Casaretto, Carbone, Carughi, Cassinelli, Castagnola, Castellano, Catanzaro, Cavassa, Cavenago, Centenaro, Cervilli, Chiappo, Chiappori, Chiarella, Cipriani, Converso, Corvetto, Costa, Cristini, Crovetti, Cuneo, Curletti, Dall' Orso, Dall'Orto, Damiani, Debernardi, Delucchi, Denegri, Dasso, Dellepiani, Da Fieno, De Andrea, Del Sante, Devoto, Di Domenico, Di Malio, Di Paolo, Di Tolla, Dittoni, D'Onofrio, Fabri, Fasce, Ferrari, Ferraro, Ferrero, Ferro, Feraldo, Fernandini, Ferrando, Ferreccio, Figari, Fiocco, Fosca, Forzoni, Gabaldoni, Gallese, Gambetta, Gardini, Gazzo, Gerbolini, Gilardi, Giurato, Gotuzzo, Guerinoni, Isola, Laghi, Lanatta, Lanfranco, Languasco, Larco, Lavaggi, Lenta, Lertora, Licetti, Lomellini, Lulli, Macagno, Machiavelo, Macera, Maggiolo, Magnani, Malaspina, Malastesta, Marcenaro, Marchese, Martinto, Metteuchi, Mazzetti, Mazzini, Medicina, Menchelli, Monteverde, Mongilardi, Morelli, Musante, Nagaro, Nicolini, Nizzoya, Nosiglia, Oberti, Olcese, Oneto, Orezzoli, Orlandini, Parodi, Pedreschi, Pesce, Peschiera, Petronio, Pezzia, Piaggio, Piazza, Picasso, Podestá, Poppe, Portaro, Puccinelli, Puccio, Queirolo, Raffo, Raggio, Ratti, Ratto, Razzeto, Rebagliati, Risi, Risso, Riva, Rivarola, Rocca, Rossi, Rovegno, Russo, Salocchi, Samengo, Sangalli, Sanguinetti, Sboto, Sombaruga, Suito, Tabusso, Talleri, Tealdo, Tori, Traverso, Tubino, Vaccari, Valera, Valle, Varese, Vasallo, Venturo, Verme, Viale, Vignati, Vignolo, Verrando, Vinelli, Visconti, Viviani, y muchos mas.

Fuente : Raúl Porras Barrenechea

Quiero mencionar el valiosísimo aporte para la confección de este documento de la información proporcionada por Giovanni Bonfiglio en su libro “Presencia Italiana en el Perú”, así como el muy detallado y fantástico documento escrito por Flor de María Valdez Arroyo: ”Relaciones entre Perú e Italia (1821-2002”), PUC,  el documento de Freddy Gambeta sobre los primeros italianos en el sur del Perú, y los demás documentos hechos por la Sociedad Nacional de Industrias, y otras instituciones italianas asentadas en nuestro país.  Infinitas gracias por hacernos conocer los orígenes de su inmigración al Perú y por el enorme legado cultural, político, social y gastronómico que nos trajo la Bella Italia.


Lucia Newton de Valdivieso                                                              20 de Septiembre de 2010

BANCO ITALIANO EN EL PERU