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Wednesday, November 24, 2010

Una Caldera Cultural



                                       
                                      UNA CALDERA CULTURAL

Hoy, cuarto jueves del mes de Noviembre, se celebra desde 1863, año en que el Presidente Lincoln proclamó, a insistencia de la escritora Sarah Josefa Hale, el Día de Acción de Gracias, como feriado nacional, haciendo hincapié en que también se conmemorara la victoria de la Unión en Gettysburg.
Hoy no quiero hablar de peregrinos, indios, pavos o comidas típicas de la época de esa primera comida…temas muy trillados y requetexplicados todos los años en todos los medios de comunicación.
Hoy quiero explicar mis razones personales por las que doy gracias, como ciudadana, al país que me acogió hace 33 años y que nos dio oportunidades para realizar nuestros sueños de vida.  Es la historia de dos inmigrantes que llegamos, como llegan muchos jóvenes ilusionados, con la idea de perfeccionar nuestros estudios y después regresar a la patria.  Vinimos desorientados a ofrecer nuestras destrezas y a aprender otras nuevas,  al país denominado alguna vez “crisol de culturas”, teoría que proponía la fusion de todas las culturas en una sola…la denominada “cultura americana”; como un gran “fondue”. Hoy en día les gusta más  llamarlo el “país de la ensaladera”, porque este calificativo de la sociedad estadounidense denota una sociedad pluralista en la que los inmigrantes no pierden su identidad cultural, sino que ésta es retenida y es fácilmente identificable; como en el caso de los ingredientes de una ensalada, que como aquellos, contribuyen a la configuración social del conjunto de la población.
A propósito del fondue: me parece interesante mencionar la forma cómo se acuña el término “la caldera cultural” o “crisol de culturas” (no es una traducción exacta…pero eso es lo que significa más o menos).  Entre los años 1890 y 1920, Estados Unidos recibió el flujo más grande de inmigrantes de su historia: irlandeses y alemanes, seguidos por italianos y europeos del Este, católicos y judíos, que representaron una oleada de 18 millones de nuevos ciudadanos.  Fue en esa época, en el año 1909, que se inauguró en Washington una obra  escrita por Israel Zangwill,. Un escritor judío y activista político. En ella se escenifica la vida de un inmigrante ruso-judío, David Quixano, que ha sobrevivido una matanza en su país, en la que mueren su madre y hermana. El quiere olvidar este evento y compone una “Sinfonía Americana” a través de la cual visualiza una sociedad libre de divisiones étnicas y de odios interraciales, en la cual todas las razas de Europa se derriten y fusionan en esta gran olla que los contiene a todos.  En vez de recordar su traumático pasado, se enamora de una rusa cristiana.  Al conocer a su padre, se de cuenta que él ha sido el responsable de la muerte de su familia.  El padre reconoce sus errores, y la obra tiene un final feliz. 


En la función inaugural, el presidente Theodore Roosevelt le dio una ovación grande a Zangwill.  El público judío criticó mucho al autor, porque dijeron que eso significaba que él se estaba alejando del judaísmo para convertirse en americano.
Y bueno, siguiendo con mi historia, nos fuimos quedando, como se van quedando todos esos inmigrantes que por una razón u otra vienen a este país.  Nos gustaron las  mejores oportunidades económicas que por ese entonces se nos presentaban; nos gustó el respeto de sus pobladores por sus leyes ordenadoras; nos gustó el nuevo sentido de unidad y ayuda familiar que encontramos y que estaba impuesto, creo yo, por la falta de ayuda doméstica accesible para nuestros apretados bolsillos.
 La integración siempre es difícil y ni siquiera los mismos clasificados como hispanos, tienen los mismos valores o identidad cultural.  Siguen habiendo grandes clasificaciones étnicas…como asiáticos, hispanos, negros, blancos. Todos estos grupos se identifican entre ellos y se diferencian de la gran mancha. Se siguen sintiendo protegidos por su gente, por su identidad cultural.  Y la sociedad dominante, la blanca, que constituye el 74% de la población ve amenazada su primacía o su poderío y los trata como intrusos.  Pero con las nuevas olas de inmigrantes, el país se va transformando y las diferencias étnicas marcadas van achicándose, y con ello, la participación en las decisiones del país va ampliándose a grupos que antes ni soñaban en tenerla. Un ejemplo de esto, puede ser el de la elección de un presidente negro en los Estados Unidos. 
Han pasado los años, y la teoría de la ensalada tiene una gran aceptación para nosotros.  Hemos podido conservar nuestra identidad cultural a través de nuestra asociación con personas que tienen un antecedente cultural igual o parecido al nuestro; y al mismo tiempo, nos hemos podido integrar al conjunto de esta gran sociedad que nos ha acogido, que nos ha dado trabajo, que ha sabido reconocer nuestro potencial profesional y ha sabido aprovecharlo.
Nuestros hijos han podido educarse en el seno de dos culturas que se han fusionado para ventaja de ellos.  Son criollos en campo extranjero y tienen la ventaja de poder comparar y aprovechar la riqueza de la fusión.  Y nosotros podemos mirar atrás y agradecer a Dios porque nos permitió apreciar lo que hoy tenemos porque hemos experimentado la fusión de dos mundos, que aunque básicamente diferentes,  pueden ser complementarios. Porque cuando uno regresa a su patria, adonde está la familia y los amigos de la infancia, todavía podemos llamar patria a ese país donde se criaron y están nuestros hijos.; adonde siempre podremos regresar porque nuestro corazón se ha agrandado y ha dado cabida  a los dos. Porque donde estemos, siempre miraremos al mismo cielo, pero desde otro ángulo.
En este Día de Acción de Gracias, no valen tanto los discursos usuales y gastados, sino la reunión de cada uno de los pobladores de esta nación, para celebrar no sólo el primer símbolo de unión cultural  y de acogida entre dos mundos, sino para reconocer el gran sacrificio que cada uno de ellos ha hecho para que se haya producido una continuidad como nación.  Gracias a cada uno de los que día a día defienden su existencia, trabajan para hacerla más grande y se benefician de las luchas e intercambios políticas para construir un país en el que la paz y justicia y las oportunidades justas e igualitarias existan.

Lucia Newton de Valdivieso                                   New York, 25 de Noviembre del 2010.