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Wednesday, January 19, 2011

Francisco Pizarro: El Conquistador

FRANCISCO PIZARRO: EL CONQUISTADOR


Al celebrar el 476 aniversario de la Fundación de la Ciudad de Lima, vale la pena recordar la persona del Gobernador de la Nueva Castilla de aquellos tiempos: Francisco Pizarro, así como la tremenda epopeya de los trece hidalgos de la Conquista.
Francisco Pizarro nació en Trujillo de Extremadura, España, en el año 1478. Fue hijo natural del hidalgo (título nobiliario otorgado por los reyes, como recompensa por favores a la Corona) Gonzalo Pizarro Rodríguez de Aguilar, apodado “El Largo”, y de Francisca González y Mateos, una campesina y doncella de la monja Doña Beatriz Pizarro de Hinojosa, hermana de su padre.
Según Roberto Barletta Villarán, en su libro “Breve Historia de Francisco Pizarro”, algunos biógrafos suponen que el padre de “El Largo”, Hernando Alonso Pizarro, fue el verdadero padre de Francisco, razón por la cual éste no lo incluyó en su testamento, como lo hizo con el resto de su prole.
Existen muchas conjeturas y leyendas sobre la educación y oficios anteriores a la vida militar de Francisco Pizarro. Se dice que su padre lo involucró en el cuidado de puercos, al que su abuelo se había dedicado hacía años, y que según Barletta, era un negocio habitual de los nobles; muy rentable, y en pleno apogeo durante esos años.
Constantemente se ha dicho que Francisco era analfabeto y que no había asistido a la escuela. Sobre este aspecto, habría que considerar que durante el siglo XV, la educación institucionalizada estaba en pañales. Generalmente, era privilegio de las familias de la nobleza, y se impartía en forma privada; haciendo hincapié en dársela a aquellos que se dedicaran a la literatura o que abrazaran la carrera religiosa. Es por esto que no llama la atención el hecho de que Pizarro fuese iletrado.
Sus biógrafos lo pintan como un hombre barbudo, alto, y de contextura maciza. Era muy valeroso, de mucha paciencia y muy persistente. Era hombre de pocas palabras y no daba mucha confianza. Tenía un gran don de mando, y era muy diestro con la espada.
En 1493, Pizarro dejó Extremadura y se trasladó a Sevilla. Parece que los cerdos enfermaron de rabia y él dejó el negocio.
Cuando tenía 20 años se alistó en los tercios españoles (las fuerzas militares principales de los reyes de España) comandados por Gonzalo Fernández de Córdova, “El Gran Capitán”, al mando del cual había estado anteriormente su padre durante las Campañas de Italia (guerras por la supremacía territorial entre los diversos estados europeos). Pizarro peleó cinco años en exitosas campañas contra los franceses. Según Barletta, “La milicia era una vocación honorable y la guerra era considerada la ocupación más honorable de la humanidad…la labranza y otros oficios de servicio eran considerados como ocupación de los siervos y de las gentes “paganas”.
Después de las guerras, Pizarro regreso a Sevilla, ciudad que por ese entonces se había convertido en la puerta de entrada al Nuevo Mundo. Allí escuchó las noticias acerca de los viajes que había hecho Colón y de su descubrimiento del Nuevo Mundo. Su deseo de hacer carrera y obtener dinero rápido y seguro con las conquistas lo llevaron a aceptar la oferta de unirse a un grupo de valientes exploradores que se aventurarían a la conquista del Nuevo Mundo y de sus voceados tesoros.
Por ese entonces la ubicación geográfica de España era riesgosa por los ataques piratas; había una escasez de metales preciosos como oro y plata de los cuales dependía la economía europea para la confección y circulación de sus monedas, lo cual los llevó a una recesión; las constantes guerras internas y la prolongada guerra de la Reconquista contra los estados musulmanes de la península ibérica; y la necesidad de encontrar una nueva ruta comercial para el comercio de las especias con el fin de evitar los enormes tributos que cobraban los musulmanes por el uso de la vía hacia el oriente; todos, los llevaron a aventurarse a encontrar nuevas rutas y recursos para superar sus dificultades económicas. Los progresos en la navegación y cartografía, fueron decisivos para la toma de nuevas alternativas.
En 1502 Pizarro decidió participar en estas campañas de expansión territorial, y partió hacia La Española como paje de Nicolás de Ovando, que había sido nombrado gobernador de aquella isla y de Cuba. Llevaba 32 navíos y 2500 hombres. Al año de estar allí, la mitad de la población fue diezmada debido a las pestes que la atacaron.
En 1507, el rey Fernando El Católico había puesto en marcha un plan de colonización de las recién descubiertas Américas, y la fundación de asentamientos permanentes en esas tierras, que se extendían entre el cabo Gracias a Dios (entre Honduras y Nicaragua) y el cabo de Vela, en Venezuela. Como se presentaron dos postores, la Corona dividió la región en dos gobernaciones: Nueva Andalucía (costa Norte de Colombia y Venezuela), que sería gobernada por Alonso de Ojeda y Veragua (Castilla de Oro, costa caribeña de Nicaragua y Costa Rica, de hoy en día, y la costa de Panamá, hasta donde llega el río Belén), al Oeste, gobernada por Diego de Nicuesa, rivales ambos por las tierras a colonizar. La Real Cédula se firmó el 6 de junio de 1508.
En 1509, Pizarro partió hacia La Española (hoy Santo Domingo y Haití) acompañando a Ojeda. Diez años más tarde, al ser herido por los naturales, Ojeda entregó a Pizarro su cargo como jefe de Nueva Andalucía por un plazo de 50 días, hasta que llegase la expedición de Enciso, el alcalde mayor de esta gobernación. Ojeda nunca pudo regresar porque no tenía medios para hacerlo. En esa expedición, Pizarro partió hacia Cartagena, adonde encontró el refuerzo de Enciso, quien venía con Vasco Núñez de Balboa. En un lugar seguro, pasando Urabá, Pizarro fundó la ciudad de Santa María la Antigua del Darién, que fue después la base del descubrimiento del Pacífico y de la colonización de Panamá.

En Septiembre de 1513 Pizarro acompañó a Vasco Núñez de Balboa en la expedición en la que descubrió el Océano Pacífico. A pesar de que hizo gran amistad con él, en 1519 Pizarro apresó y ajustició a Balboa por órdenes del Gobernador de Castilla de Oro (territorio centroamericano que comprendía desde el Golfo de Urabá hasta Belén).

Estatua de Balboa en Panamá
Entre 1519 y 1523, Pizarro fue encomendero, regidor y alcalde de la ciudad de Panamá. Fue además, lugarteniente del gobernador Pedrarias y capitán de su guardia personal.
Pizarro conoció a Diego de Almagro, el que sería su socio en la Conquista del Perú, en una expedición al Mar del Sur, en la que participaron en Julio de 1519. Almagro, al igual que Pizarro, era analfabeto e hijo natural. Juntos se embarcaron, después, en una expedición con Pedrarias y Espinoza, en la que fundaron la Villa de Santiago.
En Mayo de 1524, Pizarro, Almagro y Hernando de Luque (un cura de grandes recursos económicos y del que se dice fue testaferro de un tal licenciado Gaspar Espinoza), se asociaron para conquistar el imperio del Birú, del cual habían tenido noticias de sus riquezas por anteriores exploradores de esas zonas como Cortés, Balboa y Pascual de Andagoya (éste ya había estado en el Perú antes que todos).
Pizarro sería el capitán, Almagro se encargaría del abastecimiento militar, y Luque se encargaría de la financiación del viaje y de la provisión de ayuda.
Algunos autores concuerdan que ya en esa época, Pizarro tenía una posición económica holgada, y que poseía en sociedad con Almagro, tierras, ganado, esclavos y minas de oro.Luque le vio futuro a este tipo de alianza.
En el blog del profesor Antonio R. Escalera Busto, “Cuestiones Históricas del Pizarro”, éste reproduce una parte del contrato entre ellos, en el que dice: “Y porque no saben firmar el dicho capitán Francisco Pizarro y Diego de Almagro, firmaron por ellos en el registro de esta carta, Juan del Panes y Álvaro del Quito”. Por este contrato, acordaron repartir por igual sus ganancias, territorios y riquezas que descubrieran.
El 14 de noviembre de 1524, Pizarro inició la conquista del Perú con 112 hombres, 2 navíos pequeños, 4 caballos y un perro de guerra.
La primera expedición fue fatal, por lo inhóspito de los lugares que atravesaron y por los ataques de los naturales. Murieron la mitad de sus hombres, y él quedó muy malherido. Almagro, que había ido a alcanzarlo a Puerto Quemado (costa norte de Colombia), perdió un ojo en combate con los naturales. A pedido de sus hombres, Pizarro decidió regresar a Panamá, pero él se quedó esperando refuerzos en su encomienda en Chochama (territorio panameño).
Almagro regresó a Panamá a pedir refuerzos y a reparar los barcos, y el gobernador Pedrarias puso como condición el nombrarle a Pizarro un capitán adjunto; decisión equivocada de acuerdo a los usos de la época, según Barletta Villarán, pues el único que podía designar un lugarteniente era el jefe de la expedición. Allí surgieron las primeras desavenencias entre Pizarro y Almagro.
Para la segunda expedición Almagro reclutó a 110 hombres, y se aprovisionó de comida y de caballos. Al avanzar por las selvas salvajes e inhóspitas, volvieron a tener encuentros fatales con los nativos, además de enfrentar mucha hambruna y condiciones miserables. Almagro regresó a Panamá a buscar refuerzos, Pizarro se quedó en San Juan con la tropa y mandó al piloto Bartolomé Ruiz hacia el Sur para que explorase. Después de 70 días de espera, Ruiz apareció con la noticia de que a la altura de Tumbes había detectado una embarcación de vela, tripulada por indios comerciantes que llevaban ricos textiles y joyas y piedras preciosas. Ruiz les confiscó su mercadería y capturó a 3 indios jóvenes para que les sirviesen de testimonio del encuentro y para que aprendiesen castellano y les sirvieran de intérpretes. Ellos les hablaron del Cusco, de Huayna Cápac, y de sus grandes tesoros.
Cuando retornó Almagro, trajo víveres y 50 hombres más. Así, prosiguieron viaje hacia el sur y llegaron hasta Ecuador, adonde se enfrentaron de nuevo con los indios y con enfermedades. Muchos murieron y los hombres comenzaron a desanimarse. Pizarro regresó, entonces hacia el norte, y llegó a una isla a la que nombraron Isla del Gallo, pues tenía la forma de esa ave. Sólo quedaban 80 de los 200 hombres. Allí se quedaron 3 meses. Ya era el año de 1527. Cuando Almagro decidió regresar por refuerzo, algunos hombres mandaron mensajes a sus familias y allegados, quejándose de su situación. Uno de los soldados escondió un mensaje en un ovillo de algodón que mandaba de regalo a la esposa del gobernador, Pedro de los Ríos, en el que decía: “Pues Sr. Gobernador, téngalo bien por entero, que allá va el recogedor (Almagro), y aquí queda el carnicero (Pizarro)”. Como consecuencia de esto el gobernador mandó un barco a mando del capitán Tafur a recoger a los hombres. Fue allí que se produjo el episodio de los Trece del Gallo, en el que Pizarro trazó una raya en la tierra y dio a escoger a sus soldados entre regresar a Panamá a ser pobres o continuar hacia el Perú, a ser ricos.

 Los trece que quedaron, junto con Pizarro, avanzaron hasta Tumbes; a la que Pizarro llamaría después Nueva Andalucía, y donde encontraron nuevas riquezas.
Después de un viaje hasta la desembocadura del río Santa, y haberse convencido de que el Tahuantinsuyo era una realidad, la expedición regresó a Panamá para preparar el viaje definitivo de la conquista.
Pizarro decidió que antes de emprender la conquista era necesario conseguir una autorización directa de la Corona Española, y viajó a España con tal objeto. Como prueba de su descubrimiento llevó a los tres indios que había capturado en la balsa.
En España, en ausencia de Carlos V, la emperatriz Isabel de Portugal, firmó la Capitulación de Toledo, el 5 de Junio de 1529, por la que se le daba permiso para  conquistar en nombre de la Corona de Castilla, las tierras a las que llamarían Nueva Castilla (que abarcaba 200 leguas hacia el sur de Teninpuyá o Santiago (ahora Ecuador) hasta el pueblo de Chincha. Más adelante se le extendería el territorio bajo su gobernación.
Por el tratado se le puso como condición obligatoria el evangelizar a los nativos habitantes de esas tierras. Pizarro recibió los títulos de adelantado, gobernador y alguacil mayor, y se le asignó una pensión de 1000 ducados de oro. A Diego de Almagro sólo se le dio el título de hidalgo y gobernador de Tumbes, y a Hernando de Luque se le designó como obispo de dicho lugar. A los 13 del Gallo se les otorgó el título de hidalgos “por lo mucho que han servido en el viaje del descubrimiento”. Y para los que ya ostentaban dicho título, se les concedió el de “Caballeros de la Espuela Dorada”. El reclutamiento y aprovisionamiento de todo lo necesario para la empresa corría por cuenta de los socios. Los beneficios serían divididos entre los miembros de la empresa después de descontarse el correspondiente Quinto Real que se pagaba a la Corona.
En 1530, Pizarro, al mando de 180 hombres, emprendió el viaje definitivo a la Conquista del Perú.
Tras nuevas penalidades y enfrentamientos con los naturales, llegaron a Tumbes en 1532. Allí se enteraron de la guerra civil que se estaba librando entre los hermanos Huáscar y Atahualpa, hijos del fallecido Inca Huayna Cápac, por el dominio del Imperio Incaico.
Después de fundar la ciudad de San Miguel de Piura, Pizarro y 162 hombres continuaron hacia Cajamarca a enfrentarse con Atahualpa, quien ya había vencido y mandado a matar a su hermano y a toda su familia.
La superioridad técnica de sus armas, la presencia de animales desconocidos para los naturales, como el perro y el caballo, las enfermedades infecciosas que habían sido traídas por los anteriores exploradores y que habían venido diezmando las poblaciones indígenas desde años atrás, y la división del Imperio Incaico por las guerras fratricidas y el descontento de sus súbditos, fueron factores que contribuyeron al triunfo sorprendente de una armada con tan pocos hombres, sobre un ejército numeroso y organizado, como era el de los Incas.


El caso es que Pizarro y sus huestes ejecutaron a Atahualpa el 26 de Julio de 1533. Pizarro nombró Inca a Túpac Hualpa, un hermano de Atahualpa, y ocupó Cusco en noviembre de 1533. Allí nombró regidor a su hermano Juan.
Pizarro contrajo matrimonio con la hija de Huayna Cápac, Quispe Sisa, quien al ser bautizada tomó el nombre de Inés Huaylas. De esta unión tuvieron dos hijos: Francisca Pizarro Yupanqui, que se casó años después con el hermano de Francisco, Hernando, único hijo varón legítimo de su padre “El Largo”; y Gonzalo, que murió joven.
Después de la fundación de Lima, que sería la capital del Virreinato más importante en América del Sur, Pizarro fundó la ciudad de Trujillo, el 5 de marzo de 1535.
Tras estos sucesos se produjeron serios problemas entre Almagro y Pizarro por la jurisdicción territorial de sus gobernaciones. Como resultado de la guerra civil, los almagristas fueron derrotados, y Diego de Almagro fue condenado a muerte y ejecutado por Hernando Pizarro en el Cusco, en Julio de 1538.
Al morir Almagro, Pizarro se dedicó a consolidar la colonia y a fomentar las actividades colonizadoras en América. Sin embargo, los almagristas, reunidos por Almagro el Mozo, asesinaron a Francisco Pizarro en su residencia de Lima, dándole cuatro estocadas en el cuello, después de infringirle varias heridas por todo el cuerpo, el 26 de Junio de 1541.
El 20 de noviembre de 1542, por Real Cédula de Barcelona, durante el gobierno de Carlos I en España, se creó el Virreinato del Perú en reemplazo de las gobernaciones de Nueva Castilla y de Nueva Toledo
Y así comenzó la larga etapa de colonialismo español, que duró casi 300 años en el Perú.Los tiempos que siguieron fueron años de guerras civiles entre los conquistadores por el derecho de gobernación de las tierras conquistadas; de resistencia incaica tratando de reestablecer el incanato; años en los que los españoles impusieron sus costumbres y religión entre los naturales; en los que se creó un sincretismo cultural; y el Perú se convirtió en la posesión más importante de la Corona Española.
Los restos de Francisco Pizarro se guardan hoy en la Catedral de Lima. Por un siglo, se exhibió una momia impostora, hasta 1977, en que mientras unos trabajadores hacían trabajos de limpieza en una cripta bajo el altar mayor,  descubrieron el cráneo y cabeza de Pizarro, con evidencias fehacientes acerca de las tremendas 4 estocadas que le quitaron la vida en una forma tan cruel y feroz. En su catafalco están inscritas las siguientes palabras: “Aquí yace el marqués gobernador Don Francisco Pizarro, Conquistador del Perú y Fundador del Lima. Nació en Trujillo de Extremadura, España, en 1478, y murió en Lima el 26 de Junio de 1541. El Cabildo Metropolitano trasladó aquí sus restos el 18 de Enero de 1985, al cumplirse el 450 aniversario de la fundación de la ciudad. Dios lo tenga en su gloria. Amen”.


Por querellas políticas y patriotismo mal entendido, la estatua de Francisco Pizarro, que fue obsequiada a la ciudad en 1935, por la viuda del escultor americano Ramsey Mac Donald con ocasión de la celebración del 400 aniversario de la fundación de Lima, fue retirada de su lugar en el 2003. Al principio ocupaba un lugar en el atrio de la catedral, para luego ser colocada sobre un pedestal en la Plaza Pizarro, que fue construida sobre el lugar que antes ocupaba una bella casona colonial (que fue de propiedad de una hermana de Don Francisco) en la calle Palacio, al costado del Palacio de Gobierno. En el año 2005, el Alcalde Castañeda Lossio, la trasladó al Parque de la Muralla; un bello espacio frente a los restos de lo que fue la muralla que rodeó Lima para protegerla de los piratas que la atacaban durante los primeros años de la colonia.


En la Plaza Mayor de Trujillo, la ciudad natal de Francisco Pizarro en España, Francisca Pizarro Yupanqui, su hija, mandó construir un palacio de 4 pisos que lleva sobre el balcón de la esquina, un escudo de armas de la familia. En él están representados Francisco Pizarro, Inés Huaylas, Doña Francisquita (como le decían en España), y su esposo, Hernando Pizarro. El palacio tiene alrededor del techo, 12 estatuas que representan a los vicios y virtudes. En esas misma plaza se encuentra la estatua original de Pizarro, donada por Ramsey allá por los años 1930.

Este artículo se lo dedico a doña Mari (María Josefa) Lucas, madrileña y española de pura cepa, quien a través de una agradable tertulia en la que hablábamos sobre los conquistadores del Nuevo Mundo, me tentó sin saberlo ella, a investigar un tema que sólo lo conocemos muy superficialmente, y que muchas veces está teñido de prejuicios preconcebidos y de patriotismos mal entendidos.
Pizarro fue un hombre producto de su época. Como citaba anteriormente a Barletta Villarán, la milicia era una ocupación honorable, y como tal, se llevaba en la sangre, era tradición en las familias. Era una forma de adquirir fama y fortuna, con mucho sacrificio, pero a corto plazo. Me imagino que Pizarro, quien en su juventud había sufrido la humillación del hijo bastardo, quiso resarcir su orgullo perdido y buscó en la vida militar una catapulta para surgir glorioso, no sólo ante su familia, sino ante esa sociedad que alguna vez lo rechazó. Sin embargo, Pizarro no quiso avanzar sólo. Les dio oportunidad a sus hermanos para alcanzar un sitial importante en la sociedad, junto a él. Los hizo partícipes de su notoriedad y de su buena fortuna. Por esos golpes que da la vida, todos murieron en forma trágica, por envidias y venganzas. En esas épocas era común recurrir a duelos y asesinatos para redimir una deshonra. En la Casa Museo de Pizarro en Extremadura, hay una ilustración sobre la “maldición peruana” de los Pizarro, que dice:
Destino de los Pizarro:
El Perú no trajo suerte a la familia de los Pizarro.  Juan murió en el sitio del Cusco en 1536.  Gonzalo, uno de los más fuertes baluartes de la familia, se rebeló contra el rey y murió ejecutado en 1548.  El único superviviente de los cuatro hermanos fue Hernando, aunque tampoco se libro de la maldición peruana.  En 1539 volvió a España, pero acusado por los almagristas de la muerte del que fuera compañero de Francisco Pizarro, fue condenado y encarcelado en el Castillo de la Mota, donde permaneció por espacio de 20 años.  En 1561 fue puesto en libertad y pasó a residir en Trujillo (Extremadura), donde construyó el llamado Palacio de la Conquista.
Pizarro no supo escribir, porque en esas épocas esos quehaceres eran practicados por nobles y clérigos…el 90% de la población era analfabeto. Sin embargo, se las agenció para aprender a firmar con todo un estilo:


Rúbrica de Pizarro en el Acta de la Fundación de Lima

Su vida, como hidalgo de los reyes de España, estuvo dedicada al servicio de Dios y de sus monarcas, quienes en el manejo de su reino y en la difusión de la doctrina católica, así alcanzaban Su gracia. Siempre desplegó mucho valor y convencimiento de sus ideales.
Si bien es cierto que en el nombre de la religión se cometieron toda clase de atrocidades y que la visión de riquezas nubló los ojos de muchos de los conquistadores, pienso que lo que hoy en día se censura como extremo, se realiza solapadamente (palabra perfectamente castellana) en todas las antesalas políticas de nuestros días…y aunque los muertos no se coleccionan como en esas épocas, todavía se fabrican “momias impostoras” y se cometen injusticias terribles en nombre del poder y gloria personales.
La lucha por el poder se ha dado desde tiempos inmemoriales, desde que el hombre fue hombre; y ya sea en nuestro Perú (Incas contra pueblos oprimidos, por ejemplo) como en el resto del mundo, los territorios se consiguieron a través de luchas perennes entre pobladores e intrusos. En un mundo que comenzaba a organizarse, las invasiones de tierras y las luchas por su defensa formaron la mentalidad y orgullo patriótico de aquellos tiempos. Todo esto para decir que no podemos juzgar con la misma concepción de nuestros días actuales, los quehaceres de ayer…Y si España irrumpió en nuestro territorio y aparentemente usurpó las ideas y posesiones de nuestros pueblos, también nos dio la oportunidad de exportar nuestra bendita cultura a todos los rincones de este amplio mundo, y sin darse cuenta, no nos impuso la suya porque nunca pudo hacerlo a cabalidad, pero la mezcló con la nuestra, para hacernos parte de esa hispanidad tan sui generis, con la que se caracteriza nuestra real peruanidad.













Lucia Newton de Valdivieso 18 de Enero de 2011