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Sunday, July 17, 2011

Con tu Casco y con tu Moto

El otro día estuve en una jarana de primos en Lima y un criollo auténtico,el primo Eduardo, cantó este vals de replana de Mario Cavagnaro y los Troveros Criollos. Me hizo tanta gracia que me lo copié creyéndolo inédito, pero ya en 1992, lo habían descubierto al público...me ganaron, así que de todas maneras lo publico para todos aquellos, que como yo, nunca lo escucharon. Seguro que mi amigo Darió ya lo tiene registrado en su colección criolla.
Para los que no lo saben, la replana o jerga es la terminología idiomática que usan la gente de la clase media baja para expresarse en una forma familiar que sólo sea entendida por ellos o para ganar a través de estas expresiones idiomáticas, una identificación propia.
Aquí va una entrevista que le hizo el grupo Beta de la UPC al Carreta Pérez y donde el explica cómo surgieron los Troveros Criollos y los valses de replana.
EL CRONISTA DE LA CANCIÓN CRIOLLA
“Qué brava que está la vida que en los cumpleaños ya no hay comida, hoy acostumbran poner buffete aunque de hambre se muera usted. Muchos chicitos con dulcecitos y cómo vuelan los bocaditos. Hay caramelos de toda marca y la que más come es doña Martha”. Así nos canta “El Carreta” Jorge Pérez, cronista de la canción criolla, que se dedica a plasmar la realidad del peruano -su manera de ser, de sentir y de pensar- dentro de un matiz humorístico e irónico. Son gritos musicales que dejan un mensaje popular. “Eso debe escuchar el pueblo, eso debe escuchar el peruano, para que se sienta más peruano y más humano”.
Cuéntenos sobre el vals criollo que es el género que usted interpreta. ¿Qué significa para usted?
Bueno, para mí, el vals criollo es el símbolo de una identificación de un pueblo. En este caso, de mi pueblo peruano. Más concretamente, es la identificación del alma criolla limeña porque el vals criollo nace en Lima a raíz de la influencia europea. Luego viene la zarzuela española y ella nos trae las jotas aragonesas y con ellas llegan los fandangos y los andangos que nos dejan ese sabor de alegría y picardía. De una de esas zarzuelas, un ingenioso, que está perdido en la guardia vieja, empieza a cantar una de las coplas y se convirtió en un vals muy conocido en esa época: “un zapatero celoso le dijo a su mujer: cuando te vea con otro yo te tiro con el tirapié. Te tiro la horma, te tiro el martillo, la pata de cabra también el cepillo. Esto te lo digo y te lo vuelvo a repetir y hasta te tiro con el aprendiz. Mala ya tu suerte, mala ya la mía, que se vaya al diablo la zapatería, que los mil demonios te lleven a ti y ojalá te vea en la punta de un fusil”
(Luego de tan animada presentación, los aplausos y las carcajadas no se hacen esperar).
¿Desde qué edad canta nuestro valsecito criollo?
El vals criollo lo canto desde los quince años, pero a los siete años ya era tanguero, era puro Carlos Gardel, ¡che Gardelito! A mí me gusta el tango porque, desde los seis meses de edad hasta los diez años, me crié debajo del puente y allí cantaban tango. Ya después vino todo el auge del vals. Entonces regresé a Huaraz, a los diez años, a los trece empecé a tocar guitarra y a los catorce di mi primera serenata a una paisanita, una huaracinita. ¡Imagínate! Por primera vez en la historia, en la sierra se daba una serenata, jajaja. Solamente un limeño podía hacer eso y yo me sentía limeño porque estuve desde los seis meses de edad, pero ya cuando llegué a Huaraz me sentí más serrano que cualquiera, jajaja (ríe mientras se pasa las manos en la cara).
Antes de ser solita, perteneció a uno de los grupos más conocidos del Perú en los años setenta, ¿cómo formó “Los troveros Criollos” y por qué se separaron?
Regresé a Lima a los dieciocho años, entré a trabajar a un Banco, al Banco de Crédito, y en mi constante inquietud por fomentar el gusto por la música pedí a la directiva que comprara instrumentos y me dijeron “¿Crees que este es un centro musical? Esto es una federación” y yo les dije “No, pero hay que fomentar el arte también” y, bueno, los compraron. Luego empecé a buscar dentro de los empleados y solicité una hora en la radio, todos los domingos, de ocho a nueve de la noche, y fundé “La hora del bancario”. Allí hacía de todo. Me di cuenta de que no quería estar solo y le eché lente a un empleado del Banco Internacional, Lucho Garland, lo vi que tocaba muy bien pero no quería cantar conmigo por nada. Al final lo convencimos y empezamos a presentarnos todos los domingos como “Los Troveros Bancarios”. Después, hubo un concurso en Radio América, ganamos y nos convertimos en “Los Troveros Criollos”. Duramos cuatro años pero fuimos los ídolos del pueblo.
Se sabe que “Los Troveros Criollos” popularizaron la canción “Yo la quería patita”, que es el primer vals de replana del Perú. ¿Qué es la replana y cómo nace la canción?
Mario Cavagnaro es el que inicia la era de la replana. La replana contiene expresiones del lenguaje pero que no están contenidas en el diccionario. Son inventos de la clase media-baja para poder identificarse y no dejar que otros entiendan lo que querían decir. Eran complicados, en un inicio, pero luego empiezan a suavizarse. Así nace la replana. Cavagnaro se inspira en esto y saca su primer vals llamado “Yo la quería patita” que luego yo comencé a interpretar: “No se haga de rogar, carreta, y sírvase otro trago que aquí, entre copa y copa, le quiero hacer saber porqué es que estoy tan triste, tan solo y amargado y hasta la remaceta hoy me quiero poner. No se haga de rogar patita y parece otro pomo no crea usted compadre que ya me licorié si estoy con los crisoles rojimios de llanto por que llora un carreta por culpa de una mujer”.
¿Cómo nace “El Carreta” Jorge Pérez?
Lamentablemente, “Los Troveros Criollos” no duraron lo que debieron durar. En este caso, había cierta discriminación y eso me afectaba. Así que chau. Pero Garland me dijo que le dejara el título y eso hice. Así que me quedé solo y sin chamba. Mientras tanto, me encontraba con periodistas que me decían “y, trovero, ¿qué pasó?”, “no, carretita, ahora ya no soy trovero” les respondía. Y ya cuando me los encontraba de nuevo decían: “nos encontramos con el carretita, Jorge Pérez, que está buscando chamba, quiere formar un conjunto” y listo. El periodismo me bautizó como “El Carreta” Jorge Pérez no hay más que hacer.
¿Y, qué significa ese apelativo?
Muchas veces me han hecho esa pregunta. Y yo les digo: “Un momentito, ponte a pensar un ratito”. La carreta es el símbolo de la amistad, quiere decir amigo pero hay que ver en qué magnitud. Por eso, ser carreta, ¡mucho cuidado!, hay que saber serlo ¿por qué? Porque la carreta es un medio indestructible, inseparable. Una definición filosófica que me dio un profesor que tuve hace años explica que las dos ruedas significan la voluntad humana y el eje que une esas dos ruedas significa la amistad. Así que ¡imagínate pues, carretita! El eje, la amistad, unido a las dos ruedas nunca se separan, van paralelos por los caminos de la vida. Te felicito carreta.