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Tuesday, May 7, 2013

El Venerable Padre Urraca





En la Iglesia de la  Merced, sobre el Jirón de La Unión, en la ciudad de Lima, se encuentra,entrando a mano derecha, una simple cruz de madera rodeada de  miles de "milagros" de plata.  Cuando era niña, y mi mamá me llevaba a comer los famosos sundaes de chocolate de la vecina Botica Francesa, siempre era parada obligada el entrar a la Iglesia de la Merced y rezar frente a la  cruz del Padre Urraca.  Siempre quise saber su historia, pero nunca pude encontrar alguna referencia a ella.

Hace poco tropecé con una revista antigua  de mi abuela, que guardaba  con mucho celo en una repisa de mi casa; y cuál sería mi sorpresa,que al darle vuelta a las páginas me encontré en la página literaria con una historia completa de la vida y milagros  de este santo.  Sé que hay muchas personas que nunca han podido tener acceso a ella, así que he decidido contárselas para que la próxima vez que entren a La Merced, sepan quién fue el Padre Urraca.
El siglo XVI y XVII nos trajeron una visión diferente y rígida del sentimiento religioso.  Fue una época en la que Martín Lutero se separa de la Iglesia Católica para iniciar su reforma protestante.  Fue la época del Concilio de Trento, por el cual se dictaron importantes normas destinadas a garantizar el comportamiento del clero y del laicado.   Se creó la Inquisición como un organismo vigilante (fiscalizador) que perseguía a los herejes y transgresores de la doctrina cristiana. 
Dentro de esta tónica, surgió toda una tendencia hacia el misticismo y a la contemplación, que se tradujo, en Lima, en el surgimiento de muchos santos, como Santa Rosa de Lima, Santo Toribio de Mogrovejo y San Martín de Porres y de muchos beatos, entre los que se encuentra Pedro Urraca.  
Estos místicos se sienten culpables de los excesos e injusticias cometidos por los conquistadores y se abocan a rogar por los pecados de la comunidad, y de redimir, mediante penitencias extremas, los sufrimientos de los desposeídos y las transgresiones de los pecadores. La vida religiosa era extensa y rígida, fomentándose el cultivo de la vida espiritual y de la observación de los sacramentos. Estaban convencidos además, de la existencia de señales divinas proféticas, y de los milagros. Así, se convierten en un elemento liberador de las tensiones de la época.  
De esto nos dice José Antonio del Busto: “La ciudad era expresión de misticismo pre-barroco, penitente, cilial y flagelante”.
Fue en esta época, en 1583, que nació Pascual Urraca, en el pueblo de Jadraque en Guadalajara, España.  Sus padres fueron el hidalgo Miguel Urraca y Magdalena García.  El pequeño Pascual fue criado en un ambiente muy religioso. Sus padres eran personas acomodadas y muy caritativos.  La madre curaba a los enfermos imponiéndoles las manos. Tuvo tres hermanos, igualmente piadosos; uno, Pedro, murió a poco de haberse casado forzado por sus padres, el segundo, el licenciado Miguel Urraca, se metió de cura en Aragón; el tercero, Francisco García, fue religioso franciscano en Quito, y se dice que obraba milagros.  Cuando se confirmó, recibió el nombre de Pedro en honor a su hermano muerto, y suprimió su nombre de bautizo, Pascual.
Desde niño, Pedro, fue devoto de la Virgen, y se dedicó a ella.  Ya grandecito, fue reclamado por su hermano en Quito para que lo siguiera a América, donde estaba dedicada a la evangelización de los nativos.  Por el camino, su barco naufragó, y se dice que fue la Vírgen la que lo salvó.
En Quito fue al colegio de los jesuitas.
Como era muy devoto de la Virgen, iba a la Iglesia de la Merced en esa ciudad, para rezar frente a una imagen de ella.  Una mañana en 1602, estaba orando como de costumbre, cuando llegaron   los sacerdotes del convento para rezar la Salve.  Pedro levantó la vista hacia la imagen de la Virgen y vio cómo sonreía a cada uno de ellos, sin que estos se percataran.  Entonces, la Virgen le hizo señas a Pedro para que los siguiera.  Fue así  que  pidió entrar y fue admitido como novicio al convento de los mercedarios.  Nunca se quitó el hábito, y siempre dormía sobre una tabla. Desde entonces fue también perseguido por el demonio quien constantemente lo agredía. Se dice que en una ocasión lo tiró de un campanario de la iglesia, pero al despertar de su inconsciencia, no se le encontró un solo rasguño.
Como ya se ha explicado anteriormente, estos religiosos creían que al someterse a penitencias, ponerse cilicios, castigarse y ayunar, aliviarían los pecados del mundo; y Pedro se sometía a estas prácticas constantemente.
Pedro hizo sus votos para el sacerdocio, de los cuales no se creía merecedor,  el 2 de Febrero de 1605 y quiso llamarse fray Pedro de la Santísima Trinidad.  Durante su apostolado, se dedicó a recabar limosnas para el convento y a convertir a pecadores, conociéndosele además, muchos milagros.
Al correr la fama de su santidad, fue llamado al convento de Lima, adonde fue de mala gana, debido a que abandonaba a su hermano y a la sagrada imagen de la Virgen.  Hizo paradas en Piura, Lambayeque y Trujillo, donde se dice que por intercesión de la Virgen, logró que tres enfermos vivieran el tiempo suficiente para arreglar sus asuntos y almas.  En Trujillo, se encontró con el virrey Juan de Luna y Mendoza, Marqués de Montesclaros, quien lo hizo llamar y le hizo grandes honores; dicen que pensaba que junto a él, su reinado sería feliz.
Cuenta fray Francisco Mesía, Calificador del Santo Oficio (la Inquisición) y Provincial de Lima, quien escribió un libro sobre el Padre Urraca: "el cilicio que mandó a hacer a un herrero consistió en un jubón que le cogía de la cintura para arriba, hecho de cadenas y muy ajustado a las carnes; tenía cuatro cruces y el mismo herrero remachó las cadenas que le cruzaban pecho y espalda.  Lo llevó treinta años, y  con él fue y volvió de España. Las paletas se le incrustaron en los hombros, de modo que por encima le creció carne, como le vi yo cuando se lo quité, y también se le adentraron los hierros bajo los brazos y en la cintura.  Tal daño le hizo, que su Superior le ordenó quitárselo  Yo y el Padre Olmedo tratamos y fue en vano limar los remaches porque estaban debajo de la carne. Quitado al fin con más trabajo que el de un cirujano para cortar una pierna, manóle sangre en abundancia, todo de sus llagas  No se quejó...parecía un cordero. Trájeme el silicio y ahora lo tengo en mi poder..."
Su primera Misa la cantó Pedro en el día de la Ascensión, siendo su padrino el Virrey de Montesclaros, quien le pidió que lo visitase diariamente en su palacio, cosa que no pudo cumplir ya que Pedro tuvo que irse a Trujillo para convalecer de una grave enfermedad. 
Cuando vino el nuevo Virrey, el príncipe de Esquilache, Pedro pidió ir a su encuentro a Paita; lo cual fue muy bien recibido por el virrey, pues sabía de sus virtudes.  Así lo acompañó en su viaje hacia Lima.
Pedro visitaba a los nobles, así como a los conventos, y siempre que comía con los grandes rociaba los manjares que le ofrecían con un polvito amargo, porque creía que de esta forma se sacrificaba por los pecados del mundo.  
Cuando el Virrey regresó a España, llevó consigo a su santo amigo. Allí se convirtió en confesor de la corte y de la reina, Isabel de Borbón.
Después de un tiempo regresó a Lima, donde se dedicó a sus labores de confesión y de oración, y se le conocen muchos milagros.  Constantemente se flagelaba.  Tal era su deseo de sufrir por sus pecados y los del mundo,  que en una ocasión comenzó a pegarse fuertemente en la espalda, con cadenas, y se dice que la virgen María intercedió para que no lo siguiera haciendo. 
En una visión que tuvo, el Señor le pidió que fundara la Devoción a la Cruz.  Desde entonces, comenzó a repartir cruces blancas pequeñas pidiendo que se rezaran tres Padres Nuestros y Tres Aves Marías a la hora en que murió Jesús; con lo que se librarían sus dueños, de muchos males y peligros corporales.  Así nació la devoción a la cruz, tan en boga en aquellos tiempos del Padre Urraca.  Hay testimonios de milagros obrados con la imposición de esa cruz sobre enfermos de cáncer, o de una niña que burló a la muerte al ponérsela sobre su frente después de haber sido atropellada por un carro.
Hoy en día, a la salida de la Basílica de La Merced en Lima, los vendedores ambulantes venden entre toda suerte de estampitas, velitas y otros objetos religiosos, unas crucecitas verdes, de las que se dice que impuestas sobre enfermos tienen propiedades curativas.
Pedro tenía una cruz de madera en su celda y la cargaba para hacer sus penitencias.  Se dice que en una ocasión, lo atacó el maligno y él escapó de este,  atravesando con ella la pared donde hoy en día se encuentra colgada la cruz en la Iglesia de la Merced en Lima.  Han pasado muchos años y la referida cruz se encuentra rodeada de milagritos y fieles que le adosan cartas de pedido personales, tocan la cruz para llenarse de sus energías o permanecen horas conversando en privado con él  Dicen que es particularmente milagroso con los casos de infertilidad, y hay hasta una banca en la que se sientan las mujeres deseosas de tener hijos, y se dice que muchas veces se les ha concedido el favor.
Existe una leyenda que dice que el Padre Urraca siempre rezaba ante la imagen del Santo Cristo del Auxilio, imagen que fue pintada por Juan  Martínez Montañez, y que en una ocasión un hermano lego, Sebastián de la Cruz Ayala,  vio como Cristo desprendía su mano de la cruz y le daba la bendición.
Debido a las penitencias, ayunos y vigilias,  el Padre Urraca cayó enfermo y el Padre Prelado ordenó que fuera a una Enfermería, adonde llegaban los grandes y humildes para obtener consuelo y dirección de sus almas.
Cuéntase un milagro de que el capitán Juan García de la Ganda, estaba muy preocupado porque no volvía su navío de Panamá, hacía ya 22 meses y las deudas lo agobiaban.  Fray Pedro, mientras yacía en su lecho, le dijo que estaba llegando en ese mismo momento, y así fue.
Sufrió de gota por 29 años, afligiéndose con fuertes dolores.  Diez años antes de su muerte le atacó la lepra, y sufrió con las terribles escaras.  Así y todo, siempre atendía a los que venían a verlo.
Durante este tiempo, decía tener coloquios con el Niño Jesús, pero también siguió siendo atacado por el maligno.
Ya en su lecho de muerte, muchos se le acercaron queriendo besarle las manos y tocar su cuerpo con rosarios y relicarios.
Pedro Falleció el 7 de Agosto de 1657, a los 73 años, rodeado de su comunidad mercedaria.  Su entierro fue grandioso y asistieron el Virrey, los nobles y los humildes.  Tres días después de su muerte, sus dedos deformados por la gota y su cuerpo tomado por las llagas de la lepra, se volvieron completamente normales, sin un trazo de sus afecciones.
Su cuerpo está enterrado al pie del altar de la comunión en la Iglesia de La Merced de Lima.  
Poco después se inició su proceso de beatificación, el cual quedó interrumpido por diversas circunstancias  El Papa Juan Pablo II lo nombró Venerable en 1981.  Todavía se siguen colectando cartas y evidencias de sus milagros, que conducirán a su canonización, que ya demora más de 300 años en ser efectiva. Es difícil probar un milagro.  Tienen que pasar 10 años para que por ejemplo un cáncer no se vuelva a manifestar y se tienen que mostrar radiografías y placas y pruebas de que no ha habido intervención médica, para que se le considere milagro probado. 
En Jadraque, su pueblo natal, se guarda la pila bautismal en la que fue bautizado y la calle donde nació lleva su nombre.  Tanto en Perú como en España, sus devotos siguen luchando para que se le santifique lo más pronto posible.
Todos los días 7 de cada mes,  a las 7 de la noche, los devotos del Padre Urraca, en los templos mercedarios del Perú, en Lima, Trujillo, Huacho, Arequipa, Cusco y Puno, participan en la asamblea eucarística por su pronta beatificación.  
En el aniversario de su muerte, el 7 de agosto, los devotos  salen en procesión  la Cruz del Padre Urraca y la Imagen de Nuestra Señora de la Esperanza,  y se honra a este hombre santo y se reza para que después de más de trescientos años se le canonice de una vez por todas.





Fotos del Fotógrafo José de Orbegozo en Perú 21.