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Monday, December 17, 2012

Reflexiones Sobre la Violencia






The Newtown Victims: Who They Were










LAS VICTIMAS DE NEWTOWN








Me he puesto a pensar muchísimo antes de escribir este artículo, porque todavía ando adormecida y confundida con los sucesos que se han llevado a cabo en Newtown, Connecticut; un pueblo aparentemente tranquilo e ideal para establecer familias, con un nivel educativo alto e integrado por una comunidad muy cohesionada.  La masacre de 26 personas, de las cuales 20 fueron niños inocentes, quienes recién comenzaban a vivir sus vidas y que veían  al mundo como un cofre de ilusiones al que cada día descubrían, y  el de 6 educadores que perdieron sus vidas tratando de cumplir con su deber hasta las últimas consecuencias tratando de detener a un joven desalmado que estaba atacando a esas personitas bajo su responsabilidad, nos deja con un gran sabor amargo y muy difícil de aplacar.
Cuando algo así sucede, y aún tan cerca de la Navidad, esa fiesta Cristiana que proclama el nacimiento de un ser que representa la paz y amor, uno se pone a preguntarse el porqué de las acciones de estos asesinos, el porqué de su furia y la poca importancia que le dan a cuántas vidas van a afectar con sus acciones.  No sólo son las vidas de los padres de aquellos seres mutilados, sino también las de sus familias extensas y las de la comunidad que ya nunca recuperará  su tranquilidad  original puesto que los recuerdos de esos momentos irrumpirán  en sus mentes para siempre.
Por un lado están las historias de vida de cada uno de los niños; sus ilusiones, las cosas que les causaban felicidad, sus ensayos de vida acerca de lo que algún día pensaban realizar, la felicidad que le causaban a las personas que estaban a cargo de ellos; vidas interrumpidas por la insensibilidad de una mente enferma.  Me duele el alma, porque decir el corazón es algo demasiado material para expresar el dolor que traspasa hasta el espíritu.  Me pongo a pensar cuánto tiempo desperdician aquellos padres que se alejan o no les dan suficiente atención a sus hijos por razones egoístas o personales que no tienen nada que ver con esas mentes inocentes a las que en cierta forma están alterando con inseguridades que se las cobrarán a la vida.  Estoy segura que al perder a uno de sus hijos, estos padres han sentido que se les fue una parte importante de su vida y de sus espíritus y que su existencia y la de sus familiares ya nunca será la misma.
Por otro lado, está la historia de vida de un ser, producto de una enfermedad o producto de una vida difícil o alterada.  La de un individuo desadaptado que nunca aprendió a vivir en sociedad  y quien a pesar de que estaba rodeado de su comunidad, se sentía ermitaño dentro de ella; y quien a pesar de su aparente agudeza o inteligencia o como le llamen, no pudo desligar los límites de la fantasía con los de la realidad.
Al formar parte de una tragedia familiar que involucró a toda nuestra familia hace muchísimos años, la muerte de un niño quien recién comenzaba a vislumbrar la vida debido al uso irresponsable de una arma de fuego, me afecta más este suceso y me resisto a comprender cómo no se toma acción de una vez por todas para controlar la posesión indiscriminada de aquellas en manos de una población, que en los Estados Unidos asciende al 89% del total de sus habitantes (Small Arms Survey: proyecto de una Institución radicada en Ginebra, que posee información sobre las armas y la violencia que generan y que sirve de fuente importante para la confección de políticas gubernamentales  internacionales, así como de información para activistas e investigadores sobre la materia).  Esto quiere decir que la mayor de las llamadas “pequeñas armas” declaradas, están en manos de la población civil.  No hace ni una semana que se discutía en Congreso el problema de prohibición de posesión de armas entre la población civil, a la cual se oponen grupos políticos que se escudan en la Segunda Enmienda de la Constitución de los Estados Unidos que otorga el derecho a los ciudadanos a portar armas para su defensa personal y que dice:  “Siendo necesaria una milicia bien ordenada para la seguridad de un Estado Libre, no se violará el derecho del pueblo a poseer y portar armas."
Sin embargo a raíz de estos hechos, que rebasan ya la paciencia de los grupos opositores a este derecho,  (porque deja de ser personal  al afectar el bienestar de la comunidad en general, puesto que las pasiones personales rebasan la responsabilidad individual y deben de ser controladas)  el Presidente Obama ha manifestado su intolerancia  y la necesidad de tomar acción inmediata para la solución de neste problema.  Los sucesos de Columbine, Colorado, en 1999, donde murieron 13 personas en manos de unos adolescentes que después se quitaron la vida; el asesinato de 5 niñas en Lancaster, Pennsylvania en 2006, en el que el asesino de 32 años también se quitó la vida; la masacre de Virginia Tech en el 2007, donde 32 personas murieron en manos de un alumno desquiciado; En abril de este año, un antiguo estudiante de 43 años, mató a 7 personas en Oikos University en Oakland, California; en Aurora, Colorado, un joven de 24 años mató en un estreno de la película  “Dark Night Rises” a 12 personas e hirió a 58; el 1 de Diciembre, un joven de 24 años mató a dos personas con un rifle robado y después se suicidó, son algunas de las innumerables sucesos sangrientos en los que está involucrado el manejo irresponsable de armas en manos de individuos que buscaban satisfacer frustraciones, venganzas personales o que dieron rienda suelta a sus mentes desquiciadas.  Cuando se habla de defensa personal, no debe de estar involucrada la violencia extrema…muchos de los atacantes son gente joven, inexperimentada; de los que se supone que deben de tener una mente limpia.
Pero aparte del acceso  cuasi-libre , pero descontrolado  a las armas, cuáles pueden ser los motivos reales que llevan a un individuo a usarlas para propiciar la violencia? 
Creo que las armas son el medio, pero  este desenfreno también debe de explicarse como una forma de evitar que sigan sucediendo estas manifestaciones frecuentes  de violencia.  Es necesario curar a la sociedad de esta infección y que el gobierno se fije también en las causas que  la originan.
Y entonces vayamos a criticar a la poca importancia que se le da hoy en día a la solidez familiar.  Observamos un incremento en la  existencia de hogares disfuncionales en las que los que los constituyen, se atreven a traer hijos al mundo sin calcular las consecuencias terribles que pueden tener en las mentes de esos niños, su abandono o su atrevimiento a dar rienda suelta a sus pasiones,  sin cuidar de la salud mental de mentes inocentes.  Vivimos en un mundo sin paciencia; en el que ya no se trata de arreglar situaciones, sino de cortarlas si no “convienen”.
Por otro lado, este mundo rápido, cibernético, en el que los niños ya no juegan o dan rienda suelta a su imaginación para inventar juegos, sino que ya los tienen solucionados por las grandes corporaciones relacionadas con el comercio del entretenimiento, quienes no vacilan en introducir la violencia como algo excitante o exhilarante, para aprovechar ese deseo que tienen los seres humanos de pecar sin ser penados.  Entonces, aparecen juegos como aquellos en los que unos seres humanos matan a los zombis o muertos vivientes, o aquellos donde se inventa o se emulan guerras donde se defiende el honor patrio y se botan bombas y se matan seres humanos sindicados como el enemigo.  Los jóvenes, y también los niños, a los cuales los padres les compran estos juegos como “premio “por un buen comportamiento o como regalo de Navidad, no quieren darse cuenta que están propiciando una sociedad en la que la realidad se confunde con la ficción.  No hace poco habían unos cuadernillos de juegos en los que se los participantes debían de imitar a  personajes de la edad media o de otras épocas y que debían de resolver situaciones difíciles relacionadas con estos espacios de tiempo.  Esto se contagió de forma tan fuerte dentro de diversos grupos que lo jugaban, que se formaron grupos de personas que se sentían más confortables pensando que vivían en esos tiempos; y que confundían realidad con fantasía, para así escaparse de sus frustraciones personales.  ¿Cómo no hay un control sobre esto?  Claro que pueden decir que sería una sociedad controlada y que nos están quitando nuestras libertades.  Pero entonces no ataquemos a los cómplices, sino ataquemos a la industria de la comunicación y del entretenimiento, reglamentando sus fantasías malsanas, en cuanto afectan a la población que sirven.
Hay que fomentar programas donde los padres se vean animados a asistir a discusiones o que puedan ser informados acerca de formas efectivas para lograr la estabilidad psicológica de sus hijos.  Hay que fomentar programas accesibles a toda la población, donde se proporcione ayuda psicológica y médica para aquellos niños con desarreglos emocionales y en los que se detecten a tiempo los problemas de interacción social de estos individuos.
El control del uso indiscriminado de armas no es entonces la única solución; es sólo un medio de control inmediato, mientras se logra lo que sigue.  Todos estos civiles:  los coleccionistas de armas, los cazadores, los deportistas, aquellos que temen por su seguridad y los que poseen las armas ya sea legal o ilegalmente tendrán que replantear sus prioridades.  Pero el detonante, a mi parecer, es otro más profundo…la crianza, la atención de la salud mental de la población, el control de los medios de comunicación sobre todo dentro de la población joven, algo que no debe de descuidarse para evitar la realización de sucesos injustos como los que se han sucedido.