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miércoles, 11 de marzo de 2020

Antonio Gaudí Film by Hiroshi Teshigahara

REFLEXIONES SOBRE UNA PANDEMIA

REFLEXIONES SOBRE UNA PANDEMIA
Lucy Newton
Ayer salí, después de dos días de confinamiento en mi casa sin ningún motivo explícito, para comprar víveres y productos de limpieza recomendados. Creo que con esto de la famosa pandemia que se ha ido extendiendo silenciosamente en el globo del mundo, nos ha entrado una especie de terror interno, que ya linda en la obsesión.
Mientras iba en mi carro, con las lunas cerradas, porque es invierno y la calefacción se escapa, me imaginaba cosas traídas de los pelos, y veía unas tremendas bolas con púas…unos virus de corona…subiéndose por las ventanas y queriendo meterse por cualquier rendija, para atacarme. Iba equipada con sendos pedazos de papel higiénico y con un llavero con desinfectante para limpiar el timón y frotarme las manos antes de agarrar la carretilla de la tienda. Parece que me he contagiado del terror colectivo.
En la tienda nos recibían con paños de desinfectante para limpiar las asas de las carretillas y con deseos de que nos cuidáramos. Creo que los trabajadores ya se sentían víctimas de su obligación y totalmente resignados a ser barridos por una enfermedad inevitable.
Los anaqueles de las tiendas estaban totalmente agotados en lo que se refiere a papel higiénico, desinfectantes, lejía y vinagre. ¡Había carteles que pedían al público, sólo llevar dos docenas de botellas de agua…como si el agua de caño se fuese a contaminar cuando nos cubriera la nube de la maledicencia! Todo el mundo compraba comida para la cuarentena a la que supuestamente todos estaremos sujetos. Por allí pasó un irresponsable que estornudó porque seguro se le metió un bicho a la nariz, o le dio alergia el polvo, y todo el mundo lo miró espantado porque no lo hizo en el doblez del brazo, como se nos ha instruido. Nadie quería pasar por esa fila, hasta que las moléculas flotantes de la secreción nasal se asentaran. ¡Y nada de tocar las cajas por donde ellos habían pasado, porque ahora estarían contaminadas!
Es increíble el impacto que está causando esta situación. Nos estamos remontando al terror sentido por los pueblos en los tiempos de la peste negra causada por las pulgas de los roedores en los siglos pasados, en los que murieron millones de personas. El impacto político y económico se deja sentir a pasos agigantados y tenemos que hacer algo responsable para que este terror no nos siga mandando a una gran recesión. Ahora mismo acaba de cerrar la bolsa de valores con una pérdida de más de 2000 puntos Es el peor día para el mercado de valores desde 2008 debido a la angustia causada por el corona virus y por la baja en los precios del petróleo. Los inversionistas, asustados por el impacto en el consumo y de que el nuevo virus interrumpa las cadenas de abastecimiento global, están al acecho y parando sus operaciones. Hay una guerra entre los medios de comunicación y los políticos, que irresponsablemente quieren utilizar la situación para sus campañas. La verdad está siendo ocultada o disminuida en algunos casos y exagerada en otros. Por supuesto que el terror colectivo causa este tremendo impacto.
Hasta hoy, los casos globales de infección han escalado a 111,000, con alrededor de 3800 muertes alrededor del mundo. En los Estados Unidos, la situación también está empeorando, y Nueva York, California y Oregon han sido declarados en Estado de Emergencia.
Si nos sirve de consuelo, ahora son unos cuantos miles los enfermos, menos que en los causados anualmente por el virus de la influenza, por ejemplo. El Centro de Control y Prevención de Enfermedades de los Estados Unidos, arroja las siguientes cifras: Los CDC estiman que la influenza ha dejado un saldo de entre 9 y 45 millones de personas enfermas, entre 140 000 y 810 000 hospitalizaciones y entre 12 000 y 61 000 muertes por año desde el 2010. Si esta información nos puede consolar, no significa que no nos sigamos preocupando por evitar agentes de contaminación que nos puedan causar problemas respiratorios y de deshidratación. Por esto, a seguir lavándonos las manos, antes de preparar los alimentos, después de ir al baño, y después de regresar de lugares públicos. Tratemos de no estar en espacios muy abarrotados, en reuniones grandes o metidos en un crucero, sólo porque ahora cuestan barato.
Mientras tanto, seguimos esperando más kits para realizar las pruebas, porque los países no están debidamente preparados…nos cogió desprevenidos. Por allí oí que China acaba de descubrir un posible antídoto contra la enfermedad. Cuándo será efectivo? No se sabe.
9 de Marzo del 2020

domingo, 8 de marzo de 2020

viernes, 21 de febrero de 2020

De Como Orientarse por Mario Zolezzi

DE COMO ORIENTARSE
Por Mario Zolezzi



Muchísimo antes que se descubriera la brújula los humanos recorrían la tierra descubriéndola. A veces algunos de ellos intentaban regresar a un lugar anterior y la memoria no era de gran ayuda, faltaba un método práctico, natural, alguna forma de conocimiento que ayudara. Así, supongo empezó el cultivo de las artes de la orientación humana, mirando por las noches a las estrellas y a la luna, descubriendo la ruta diaria del sol y su juego perpetuo de iluminar y crear sombras. Algún día, muy lejos como para acordarse, nuestros antepasados se atrevieron a embarcarse y navegar, para cruzar a la otra orilla de un gran río, para explorar las islas que el mar señala y que los lagos protegen. El objetivo sin duda era preciso, pero la tarea de encontrar la ruta en mar abierto se complicaría mucho.
Hasta que los sabios concibieron un método concluyente inspirado en su paciencia, la necesidad de orientarse en la vida y los territorios que juntó miles de años de observación y conocimiento sobre la posición de los cuerpos celestes, sobre Venus y Marte (nombrados de muchos modos) de la Luna y de algunos grupos destacados de estrella entre las incontables del cosmos. Cuando ese rato llegó a cuajar en el Tawantinsuyo Túpac Yupanqui lo hizo suyo arrumbando por el océano hacia la legendaria Rapa Nui, seguro de orientarse en su travesía, pese a las noches oscuras de cielo nublado que vendrían y tuvo que sufrir. Confiando, eso sí, en los cuidados y el cariño de Mama Quilla y Mama Cocha.


Asistido siempre en su navegar, con la ayuda soberbia de las brillantes ch’askas de todos los cielos, dueñas del anochecer y encargadas de desterrar la noche, de abrir paso al amanecer, el inca controló las aguas y el rumbo. Para eso estaban ese par de estrellas que brillan diferentes y más; que se visten de rojo, que despuntan entre miles de qoyllur porque -silenciosas también- no titilan ni se agrupan en rebaños como vicuñas blancas pastoreando celestiales por esas intocables alturas. Así, a veces sin visibilidad, sin mayores referencias, el hijo de Pachacutec cruzó el mar con sus tripulantes incas, disponiendo con astucia las velas de esas balsas pequeñitas, que el creyó inmensas, para recibir el viento favorable que en sabia combinación con corrientes marinas que fue encontrando, lo llevaran a no perderse en los detalles.
Orientarse fue un reto material y la irradiación del saber de amautas, impiris y otros sabios. No fue guiarse por el espíritu santo ni los apus. Fueron sus ganas, las estrellas, la luna, las que lo encauzaron, enderezaron la ruta, lo sacaron del descarrío con la ayuda soberana del padre Inti que en algún momento le envió aves, que en su vuelo migratorio evitaron que divague y caiga en algún extravío extremo, creyendo sabias las decisiones tomadas.
Así, tanteando entre las aguas, el firmamento y el cosmos llegó a las islas de piedras volcánicas y les puso nombre: Ninachumbi y Ahuachumbi, incontables años antes que un manojo de cristianos exploradores las bautizaran como islas de Pascua. Supo el inca orientarse hasta llegar con sus guerreros más allá de lo que era el Tawantinsuyo y volver después, glorioso, iluminando con sus ganas de vencedor las noches oscuras que lo invitaban a descarriarse, a perderse y a no continuar su ruta verdadera avanzando sobre el mar.
Jamás pudo enterarse Tupac Yupanqui que varios siglos antes que aprendiera bien como orientarse, al otro lado del mundo un estratega, Sun Tzu, escribió El Arte de la Guerra, advirtiendo que la suprema maestría de la guerra es derrotar a alguien sin necesidad de entablar batalla.

miércoles, 5 de febrero de 2020

Chachapoyas

 Nuestra visita a Chachapoyas, Kuelap y demás lugares de la zona.