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viernes, 5 de julio de 2019

Independencia de los Estados Unidos


INDEPENDENCIA

Hoy se cumplen 243 años de la Independencia de los Estados Unidos.  Fue en esa oportunidad que en el documento de la Declaración de Independencia que redactó Thomas Jefferson, con ayuda de otros ciudadanos de Virginia en 1776, se especificó un principio importantísimo en el que se decía:
Sostenemos como evidentes estas verdades: que todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre éstos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad; que para garantizar estos derechos se instituyen entre los hombres los gobiernos, que derivan sus poderes legítimos del consentimiento de los gobernados; que cuando quiera que una forma de gobierno se haga destructora de estos principios, el pueblo tiene el derecho a reformarla o abolirla e instituir un nuevo gobierno que se funde en dichos principios, y a organizar sus poderes en la forma que a su juicio ofrecerá las mayores probabilidades de alcanzar su seguridad y felicidad....
Estos derechos permanecen inalienables hasta el día de hoy y se traducen como la plena libertad política, económica y administrativa de un Estado.  Los individuos que forman parte de él, vivirán dentro de sus confines con un sentimiento de libertad total, dentro del cual tendrán la capacidad de actuar, tomar decisiones y valerse por sí mismos.
 La verdadera independencia es reconocer que todos somos parte de un gran cuerpo de colaboración que nos ayudará a liberarnos en el plano político y económico a cada uno de nosotros y que este sentimiento proviene de nuestra pertenencia a ese cuerpo integrador, que es el Estado del cual formamos parte, y que ha sido elegido para representarnos.
Muchos de estos conceptos se ven minimizados por decisiones unánimes que muchas veces no representan el consentimiento de las mayorías, y que están orientadas a satisfacer los intereses de los poderosos.  Y es así que el verdadero concepto que se concibió como orientador de las futuras generaciones que poblarían este país, se ve amenazado en varias ocasiones.
Toda nación nueva, al formarse, busca que entre sus ciudadanos exista el orgullo de pertenencia que deviene de anos de tradiciones e intereses acumulados. Con el tiempo, el crecimiento demográfico, las relaciones económicas y comerciales, hacen necesarias una globalización; y el sentido de que, para progresar, hay necesidad de integrarnos a un sistemas más amplio, nos pone en una situación de cuidado, ya que en ello va la protección de nuestra individualidad como Estado y la protección de nuestros intereses como Nación.
Podríamos decir que los ciudadanos de hoy son ciudadanos del mundo, porque no podríamos sobrevivir sin él, pero los lazos internos deben mantenerse fuertes para proteger nuestra individualidad.
Estados Unidos de América es una nación sui generis; una nación que no responde a los moldes de las demás que nos rodean, porque está integrada por sus pocos pobladores nativos sobrevivientes y por ciudadanos del mundo entero que fueron bienvenidos en su momento y se integraron a esta gran nación y la hicieron poderosa y benevolente.  Vinieron de todos los rincones de este gran mundo y trajeron sus culturas propias y se derritieron en la gran caldera que la forma para llegar a un interés común, que es la convivencia libre y tranquila dentro de un mismo ámbito.

El crecimiento demográfico con sus consecuencias económicas y sociales crea la división de intereses dentro de cualquier población y la competencia por el poder encuentra razones como el racismo, la opresión de las clases deprimidas y el rechazo a políticas migratorias que implican el compartir los bienes de producción con nuevos pobladores.
Y en el caso de este gran país, hoy se olvida el primer propósito sobre el cual se fundó  y que está  expresado como testimonio, en la inscripción de una placa al pie de esa gran dama que ilumina con su antorcha ese gran puerto de entrada que es Nueva York, y que dice así:
"El Nuevo Coloso" de Emma Lazarus (1801)
No como el gigante plateado de fama Griega,
Con extremidades conquistadoras extendiéndose de tierra a tierra;
Aquí, en nuestras puertas en el atardecer bañadas por el mar, estará de pie
Una poderosa mujer con una antorcha, cuya llama es
La luz de los prisioneros y su nombre es
La madre de los exiliados. Su mano como faro
Brilla en bienvenida al mundo entero. Sus ojos dóciles comandan
La bahía ventosa enmarcada por las ciudades gemelas.
"Tierras de antaño quédense con sus historias pomposas!" Exclama ella
Con labios silenciosos. "Dadme tus cansados, tus pobres,
Tus masas amontonadas gimiendo por respirar libres,
Los despreciados de tus congestionadas costas.
Enviadme a estos, los desposeídos, basura de la tempestad.
¡Levanto mi lámpara al lado de la puerta dorada!"
Traducido al español por Jorge E. Sanint
Demos alojamiento a los pobres del mundo; a aquellos que huyen de la pobreza, de la violencia y de la guerra; a los niños que escapan de estas situaciones y que son el futuro de cualquier nación. ¡Somos una nación rica con posibilidades de extender la mano a los desposeídos para ayudarlos a surgir como ciudadanos del mundo! No permitamos que los ideales de libertad e igualdad de nuestra nación sean chamuscados por la ambición desmedida de líderes desalmados.

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