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Tuesday, February 14, 2012

Valentina y Julián: Una Historia de Amor


Comiendo en Ginger RVC, en Valentine's

Valentina Y Julian habían sido una pareja como cualquier otra...se conocieron casualmente, se amaron con consecuencias y se casaron. Conforme fueron pasando los años tuvieron tres hijos y formaron una bonita familia...digo bonita, porque los niños eran muy guapos, tan guapos como los padres. Por lo demás, como en todo grupo familiar, la convivencia no fue facil...hubo momentos alegres y también angustiantes y tristes. Julián criticaba a Valentina, porque ella celebraba todos los aniversarios,del día en que se conocieron, del Día de San Valentín, del día en que se casaron, los cumpleaños de ellos y los niños, la Pascua, la Navidad, el Año Nuevo, además de otras reuniones en las que siempre habían baile, licores y buena comida...porque Valentina era muy buena cocinera y en su casa se comía a diario un nuevo platillo. Pero Valentina era feliz celebrando, y aunque Julián se quejaba, siempre sucumbía a sus mimosos pedidos y a su entusiasmo por la vida, por la acción! Así que los niños se criaron en un ambiente de apertura social total. Valentina y Julián siempre llevaban a sus hijos a todos esos lugares donde sus padres,gentes de menores recursos que los que ellos tenían, no los habían podido llevar. Así, el día que los llevaron a Disneylandia, Valentina lloró de emoción como una niña mientras traspasaba el umbral del parque de diversiones. Otra vez, Julián les compró un pasaje sorpresa para celebrar el cumpleaños de su esposa en Europa, y allá viajaron los cinco en esos enormes y cómodos aviones. Por supuesto que el viaje estuvo lleno de peripecias y también, sinsabores . Valentina tuvo que ir de réferi en el asiento trasero, mientras Julián disfrutaba del permiso para manejar a altas velocidades en las carreteras europeas...tremenda irresponsabilidad, ya que los niños iban dentro del carro. Ni la Galería Pitti en Florencia, ni los paseos en góndola y el carnaval en Venecia, ni la casa de los imaginarios e inexistentes Romeo y Julieta en Verona, pudieron atraer a Julián y a los chicos, y Valentina se limitó a imaginar su visita a éstos, mientras miraba por la ventana del carro los paisajes caprichosos de los caminos. Los niños disfrutaron mucho correteando a las palomas de la Plaza San Marcos, y haciéndolas levantar vuelo.
Otro viaje memorable fue a Cancún,México, donde la franja hotelera parece más un recuerdo de un balneario estadounidense, que sentir la sensación de estar en el mero, mero...Pero Julián quiso llevarlos a las pirámides, a bañarse en las playas de aguas transparentes, a las cenotes o cavernas subterráneas por donde corren los ríos mexicanos y hacia el calor exhuberante de Mérida, donde según sugerencia de Valentina, fueron al mercado a ver los escarabajos enjoyados que ofrecen los vendedores ambulantes. Juliancito, el hijo, quiso llevarse uno, pero Valentina sólo quería mirarlos para ver si era verdad que existían....por lo demás, consideraba ésto una crueldad a los animales...en este caso, bichos...A Cancún regresaron varias veces, algunas de ellas regresando de su país llenos de maletas...no todos los taxis del aeropuerto querían recibirlos; así que Julián salía a un recodo del camino, donde esperaban los taxis piratas y los contrataba. Los niños iban riéndose, sentados encima de las maletas, y Valentina casi se asfixiaba bajo una pila de bolsos y maletines de mano. Los botones de los hoteles no podían creer a sus ojos, cuando veían salir del carro bajo tremenda carga, a 5 personas desdoblándose con dificultad. Muchos recuerdos: noches de preocupación cuando Juliancito de 14 años se escapó a una discoteca en el ómnibus de la ciudad y no se supo de él hasta altas horas de la madrugada, o cuando Robertín durmió la mona en una playa frente a la ventana del cuarto del hotel donde sus padres esperaban ya casi al margen de las lágrimas y se durmieron sin darse cuenta para luego encontrar al mozuelo, haciéndose el dormido en la cama de al lado; paseos, ricas comidas...complementaban aquellos viajes.
Y ahora Julián y Valentina, sentados en el viejo sillón de su casa, estaban sólos con sus recuerdos. Los niños se habían hecho hombres; cada uno era profesional,para orgullo de Julián quien siempre pensó que la mejor herencia era darles una profesión que les permitiera sobresalir en la vida. Y así lo habían logrado, cada uno en su tiempo. Como vivían lejos, las visitas eran ocasionales y cada vez más distanciadas, con la excusa de tener que compartirlas con las familias de sus esposas. Además, a los niños no les atraía pasarla sin sus amigos en la casa de los viejos. Así es la vida, pues.
Entónces, ya libres de obligaciones mayores, Julián y Valentina se dedicaron a recorrer el mundo y a disfrutar de su mutua compañía. Visitaron muchos lugares mágicos, porque tenían una buena posición económica que así se los permitía.
Pero ahora ya estaban viejos y cansados y su mundo se había circumscrito a la computadora y al televisor y a salidas ocasionales a compromisos y veladas...nada extraordinario. Sus conversaciones eran interminables y sus recuerdos los amparaban.
Pero llegó el día en que a Valentina le faltaron las energías y poco a poco fue sucumbiendo a los achaques de su vejez. Se mudaron a la planta baja de su casa, para nunca más subir. Contrataron a alguien que les hiciera la limpieza....No duró mucho esa vida, y una noche, mientras dormía, Valentina soñó que le había llegado su tiempo y tuvo que irse... muy a su pesar, porque Julián no sabía vivir sólo. Como habían acordado, a Valentina la incineraron y Julián, después de la ceremonia adonde fueron los hijos y amigos y adonde le hicieron toda clase de promesas de compañía, que él quiso creer pero que en el fondo sabía que eran sólo deseos de buenaventura, se fue sólo a su casa con su urna llena del polvo en el que se había convertido el cuerpo de su esposa y la colocó cuidadosamente en la mesita a la entrada de su casa. Existe una creencia de que si se colocan los restos de un cuerpo querido en la entrada de una casa, ésta siempre va a estar protegida. Julián quedó sólo con sus recuerdos y comenzó a sumirse por momentos cada vez más largos en el mundo de la imaginación, donde una vez más gozó con las memorias de aquellos tiempos donde existía su familia...sólo que esta vez estaba de observador, sin las preocupaciones de aquel entónces...hasta reía candorosamente cada vez que recordaba los momentos en que se alteraba por las cosas más inverosímiles. Un día Julián quiso confundir la memoria con el presente y decidió que él también quería volverse una memoria. Así que así le fue permitiendo a su cuerpo darle libertad a su alma, y poco a poco, fue liberando sus energías hasta que por fin voló libre; quizás a encontrarse con su esposa...Nunca se puede estar completamente seguro. Volaremos a otra dimensión desde donde podremos chismosamente observar lo que pasa al otro lado? O nos volveremos angelitos de la guarda?
El caso es que el día en que Juliancito encontró a su padre, también encontró un papel que el viejo guardaba cuidadosamente doblado encima de su velador. Allí daba órdenes explícitas para que se le incinerara igual como a su esposa, y que se mezclaran sus cenizas para luego ser regadas en el paraje preferido de ambos, cuando sus niños eran pequeños: un viejo y enorme árbol en el medio de un prado grandísimo, por donde siempre pasaban para ir a sus paseos favoritos por los ríos de un pueblo no muy lejano. Decía Julián, que así se mezclarían, al final, sus esencias de vida contenidas en esos polvos y volverían a ser el uno para el otro como cuando existían; y quizás volverían a crecer como las semillas, cuando sus restos fueran regados por los fértiles campos...así como cuando se casaron y prendieron cada uno una vela, símbolo de su individualidad, y de la llama de cada una incendiaron una enorme vela, al medio de ambas, para demostrar que de allí en adelante serían uno sólo en la vida y en la muerte!


Lucy Newton de Valdivieso Nueva York, 14 de Febrero del 2012