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Monday, April 19, 2010

UN REGALO PERUANO AL MUNDO: EL VIAJE DE LA PAPA


UN REGALO PERUANO AL MUNDO: EL VIAJE DE LA PAPA

Cuando los españoles desembarcaron por primera vez en las costas sudamericanas en busca de las riquezas que habían oído que existían en esta parte del globo terráqueo, nunca se imaginaron que el descubrimiento de ellas no tendría un impacto tan grande en el desarrollo de la historia del mundo, como fue el hallazgo de aquel insípido tubérculo, que luego se convertiría en la fuente alimenticia más importante de todos los tiempos y en el verdadero tesoro capturado: su majestad, la papa.
Las primeras crónicas que datan del año 1537, se refieren al descubrimiento de la papa por los soldados de la conquista en el Valle de Grita, en la provincia de Vélez, Colombia. De ella cuentan que es “una planta a manera de turmas de tierra, que llaman yomas”.
Un miembro de la expedición, don Juan de Castellanos, describe que todas las casas tenían cultivos de frijoles, maíz y “turmas”; y que estas últimas eran muy sabrosas y de diferentes colores, y que fueron bien aceptadas por los españoles.
En 1552, Francisco López de Gómara publicó la primera información sobre el cultivo de la papa en las regiones altas del Collao.
El cronista Cieza de León, en su Crónica del Perú, cita a la papa como alimento principal entre los indios de Popayán, Quito y los de alrededor del Lago Titicaca, y habla sobre las bondades del chuño como alimento derivado de la papa que se puede almacenar para tiempos de hambruna; así como de la comercialización de este producto para los trabajadores de las minas de plata de Potosí.
Asimismo, Agustín de Zarate, José de Acosta, Bernabé Cobo, y el Inca Garcilazo, se refieren al cultivo de la papa, sus usos y su forma de conservación.
En La Nueva Crónica y Buen Gobierno, Felipe Guamán Poma describe las actividades agrícolas referentes a la papa, y las ilustra admirablemente.
En America, el descubrimiento de las riquísimas minas de plata de Potosí, Bolivia, en 1545, apoyó la expansión del poder imperial español en América y Europa. Y fue el chuño el que sirvió de alimento principal para los trabajadores de las minas, hasta el agotamiento de las vetas principales en 1650.
Muy probablemente los conquistadores aprendieron a comer la papa y acerca de sus bondades, y la llevaron a España como alimento para su travesía. La primera evidencia de cultivo de aquella en territorio español data de 1565 en las Islas Canarias.
Los vientos Atlánticos que soplan sobre los países Vascos en la costa Noroeste de España traen suficiente humedad a esa zona; y fue así como se iniciaron favorablemente los cultivos de papa en España. Los pescadores vascos se aprovisionaban de papa en sus incursiones por las costas de New Foundland, y fueron ellos los que introdujeron la papa en Irlanda, al desembarcar en su costa occidental, adonde descansaban y se recuperaban para el viaje de retorno.
Sin embargo, la papa fue rechazada por dos siglos en Europa. En Escocia se prohibió su consumo, pues creían que como no estaba mencionada en la Biblia, no era digna de consumo humano. La consideraban “inmoral” porque crecía bajo la tierra, lugar donde estaban los demonios. Además se le asoció como causa de la tuberculosis, malaria, el raquitismo, la sífilis, la lepra, la obesidad, y la concupiscencia. Hasta se creía que con ella se podían fabricar ungüentos que le daban poder a las brujas para volar. Se le consideraba “comida de gente baja” y de cerdos. En Irlanda se creía que si una mujer embarazada comía papas, podía dar a luz a un hijo macrocefálico.
Fuera de esto, el europeo, acostumbrado a comer alimentos muy condimentados, las tenían como insípidas. Y como estaban acostumbrados a comer pan, no le dieron tanta importancia a este cultivo como al trigo (E, Parmalee Prentice, “El Hambre en la Historia”, 1936).
En 1650, la papa rescató de la muerte a los irlandeses después de su derrota por los soldados de Cromwell. Los irlandeses eran pobres, y apreciaban la papa. Además, no podían darse el lujo de aderezarlas con las costosas especies. Los ingleses, acostumbrados a comer pan y queso, no encontraron allí un clima propicio para el buen rendimiento de sus cultivos de trigo; mientras que el cultivo de papas por los nativos irlandeses en la zona adonde habían sido circunscritos por los invasores, les dio un excelente rendimiento, y les proporcionó, junto con la leche de sus vacas, un alimento por demás nutritivo. Las tierras fueron revendiéndose poco a poco a sus propietarios en las zonas donde los ingleses no tuvieron éxito. Sólo en la zona de Ulster, triunfaron los protestantes escoceses, que habían vencido a los ingleses en 1607, cultivando avena que se adaptó fácilmente a las tierras irlandesas. Estos últimos no conocieron la papa hasta los inicios del siglo XVIII.
En el siglo XIX, en 1845, los sembríos de papa irlandeses fueron atacados por un hongo, el tizón tardío, traído en los barcos que venían de Sudamérica. Éste destruyo sus cosechas y causó una gran hambruna de la población por la gran dependencia que ellos tenían de este alimento. Este suceso tuvo grandes repercusiones en el norte de Europa, y como consecuencia de aquel, más de un millón de habitantes irlandeses murieron de hambre e infecciones, y millones mas emigraron a EEUU, Gran Bretaña, Canadá, Australia y otros lugares.
Regresando a la travesía de la papa de los primeros tiempos, existen documentos que atestiguan que la papa fue llevada a Italia; desde donde se extendió rápidamente por los Alpes, hasta Francia, y los Países Bajos.
La marcha conquistadora del ejército español por Europa, forzó a los pobladores del “Camino Español” a cultivar papas, pues éstas podían permanecer bajo tierra hasta que se comiesen, y no estaban a disposición inmediata de los ejércitos usurpadores que les quitaban sus granos.
Existen documentos en los que se citan regalos exóticos de estos tubérculos por los reyes de España a personajes importantes como el papa romano; desde Roma al Nuncio Apostólico de Mons en Bélgica; de Bélgica a un botánico Carolus Classius en Viena. En 1596, el botánico suizo Bahuin publicó un libro adonde describía a la papa, y se refería a ella como SOLANUM TUBEROSUS.
Por muchos años la papa sólo se cultivó en parcelas destinadas al autoconsumo, y se exhibió en los jardines botánicos. En 1744, el rey de Prusia (Reino Alemán entre 1701-1918; fue cabeza del Imperio Alemán desde 1871), Federico el Grande, introdujo en su reino el cultivo de la papa, como forma de prevenir el hambre en tiempos de guerra, distribuyendo entre los campesinos, semilla gratis e instrucciones para su cultivo. Durante la Guerra de los Siete Años (1756-1763), los campesinos prusianos pudieron resistir repetidas invasiones de los ejércitos austriacos, rusos y franceses, sin sufrir grandes hambrunas. Al terminar la guerra, los gobiernos de los países invasores, tomando en cuenta la brillante idea del rey prusiano, propagaron el cultivo de la papa entre sus propios campesinos.
En Francia, Antoine de Parmentier, un doctor del ejército, que mientras estuvo encarcelado tres años por las tropas prusianas había sobrevivido alimentándose sólo con papas, al ser liberado luchó mucho porque se fomentara la siembra en su país. Inclusive, recurrió a trucos como el de hacer que la gente creyese que tenía un cultivo muy valioso, al hacerlo patrullar de día por soldados, durante la época de la cosecha, y dejarlo descuidado de noche. La gente, entonces, robaba las papas creyendo burlar la vigilancia, que era lo que Parmentier quería. También organizó un baile en la Corte, adonde se sirvieron platillos exquisitos confeccionados con papa e hizo que la Reina María Antonieta luciera un tocado con flores de papa. Así llegó el pueblo a conocer y a apreciar la papa.
Después de 1750, en Europa el alto rendimiento de este alimento en áreas de cultivo reducidas, y en menor tiempo que los demás, influenció en el crecimiento demográfico y en mayores retornos económicos para los gobiernos, convirtiéndose en la principal comida de los pobres. Con la introducción de los insecticidas y del arado de tracción animal en los años 1800, muchos de los trabajadores rurales se desplazaron a trabajar en las fábricas y talleres. El cultivo de la papa, se dice, favoreció la Revolución Industrial y la expansión de las ciudades.
La papa fue reserva alimentaria de Europa durante las Guerras Napoleónicas; y ya en 1815, era un alimento básico en el norte de Europa. También fue posible la emigración europea a la Siberia, puesto que encontraron allí tierras vacías que alimentarían a las poblaciones migrantes.
Por todo el mundo, marinos, misioneros, y exploradores llevaron la papa y difundieron su cultivo. Se dice que es posible que los colonos holandeses hayan llevado la papa a Taiwán alrededor de 1603. En el siglo XVII, marinos portugueses la llevaron a la India, y en el siglo XVIII a Bután, Nepal y Filipinas. En China, donde no tardó en propagarse, lo llamaban “fréjol de suelo”. Hoy en día China es el primer productor mundial de papa.
En África recién fue introducida por misioneros alemanes e ingleses a partir de 1880. En la segunda mitad del siglo XX, se ha introducido en el Medio Oriente, adonde se le cultiva, en algunos casos, en instalaciones climatizadas. A América del Norte llegó a principios del siglo XVIII.
Es interesante la propuesta del poeta chileno Pablo Neruda de que cada mujer y niño del mundo deberían sembrar una papa para terminar de una vez con el hambre.
Podemos decir con orgullo, entonces, que el descubrimiento de la papa cambió el curso de la historia del mundo, salvó de la muerte segura a poblaciones que hubiesen sucumbido a la hambruna de no ser por ella, y presenta una alternativa importantísima para solucionar el problema de la pobreza y desnutrición en el mundo.
Los esfuerzos de los científicos peruanos para introducir variedades resistentes a las plagas, y de educar al campesino en la diversificación de los cultivos de papas dentro de sus parcelas como método preventivo, están produciendo resultados favorables en el rendimiento de las cosechas.
Es interesante recalcar que el Perú cuenta con otras 30 especies de alimentos de alto contenido nutritivo que podrían convertirse en grandes contribuyentes a la despensa del mundo. Son encomiables los esfuerzos científicos y de cultores de la cocina peruana como Gastón Acurio, que están haciendo grandes esfuerzos para rescatar los productos alimenticios andinos tradicionales como la quinua, karwa, oca, cañihua y otros, que ayudaron a expandir y engrandecer el Imperio de los Incas por Sudamérica.
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