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viernes, 30 de agosto de 2013

DE MONJAS Y MONASTERIOS: LOS CONVENTOS EN EL PERÚ

DE MONJAS Y MONASTERIOS






Dong! Dong!  Suenan al alba las campanas que invitan al aseo y al rezo en el monasterio.  Las religiosas se preparan para iniciar sus labores cotidianas…
Cuando los conquistadores vinieron a América, unieron a su empresa, la difusión de la doctrina religiosa Católica a los “infieles” nativos.  Pero además de aquello, se propusieron atender las necesidades espirituales de sus paisanos, así como la de los criollos y mestizos integrantes de la comunidad de esa época.  La Iglesia Católica llegó a tener un enorme poder político y religioso en las colonias, y fue apoyada ampliamente por las disposiciones papales y por la Corona Española. 
Esta situación propició el enriquecimiento desmesurado de aquella institución; la cual llegó a acumular una gran fortuna a través del control de los “diezmos” (la décima parte de la producción agrícola y ganadera) que los fieles pagaban para el mantenimiento del culto, a través de la asignación por la Corona de cuantiosas tierras comunales, y a través de la asignación de poderes inquisitoriales a los obispos.
Es así, que desde la institución de las colonias, se toma especial cuidado en la construcción de conventos y templos para las órdenes religiosas.
Era una época en que los clérigos venían imbuidos de un conocimiento profundo sobre las letras y las escrituras; elementos indispensables para el adoctrinamiento de los súbditos de la colonia.  Surgieron, así, las discusiones teológicas, y se fomentaron las tertulias religiosas.
Por esta época, la mujer tiene un rol reproductor en la sociedad.  La mayor parte de ellas están destinadas a ser madres y a aprender música, labores manuales, cocina, y a servir a sus maridos.  El derecho a opinar les es limitado, y su educación deja mucho que desear.  Les está vedado predicar y razonar, y se les pone limitación a su razonamiento.  Se les fomenta la devoción y la observación de las reglas de moralidad, así como una obediencia ciega a padres y esposos.
Era la época del Concilio de Trento, de las reformas eclesiales, y de la Inquisición. Existía un deseo grandísimo de ganarse indulgencias y de obtener el favor divino a través de devociones y sacrificios personales.  Muchos consideraban un honor que los hijos ingresaran al convento, donde rezarían por la familia y por los pecados del mundo. Aumenta enormemente el número de clérigos y de vocaciones religiosas.
Dentro de este marco se crean los conventos, y las mujeres también participan en la obra evangelizadora.  Los primeros conventos de monjas fueron creados para mujeres pertenecientes a las familias fundadoras y de las elites coloniales, y en ellos existía una jerarquía de estratos, de colores de piel y de fortunas.  Los primeros monasterios tuvieron un papel decisivo en la formación intelectual de las mujeres.  Fue en ellos en los que, hasta el siglo XVII, surgieron la mayor parte de textos literarios escritos por mujeres. Las monjas, guiadas por sus confesores individuales, escribían diarios que muchas veces podrían inculparlas en acusaciones hechas por estos clérigos a la Inquisición.  En estos escritos abundaban el misticismo, el deseo de pagar con tortura por los pecados del mundo, la creencia en manifestaciones divinas y la capacidad de realizar predicciones.
Dentro de este marco surgen dos conventos importantísimos en la historia del Perú: el Convento de Santa Catalina y el Convento de Santa Teresa, en Arequipa.


Convento de Santa Catalina

Convento de Santa Teresa

Ambos constituyen una expresión del pensamiento colonial de aquellas épocas, así como una expresión fidedigna de la arquitectura y arte del siglo XVI y XVIII, respectivamente.
Santa Catalina, “una ciudad dentro de la ciudad”, y con una historia que se remonta 400 años, fue fundada por una viuda arequipeña, María de Guzmán, bajo la autorización  del Virrey Francisco Toledo y del Obispo del Cusco, Sebastian de Lartaun.  Se precia de ser el primer centro de recogimiento perpetuo para mujeres de la Orden de Santo Domingo., fundada en el virreinato del Perú.  En Lima, en 1558, se había fundado el Beaterio de Nuestra Señora de los Remedios, después llamado Convento de la Encarnación, y primero de la América del Sur.
Santa Catalina ha sido construida con piedra volcánica, el sillar, constituyendo una joya arquitectónica muy especial, que ha soportado el embate de varios terremotos durante su existencia.
Se construyó bajo la denominación de Santa Catalina de Siena; figura más notable que ha tenido la Orden Dominica.
En esa época, las candidatas a monjas debían ser españolas, y las mestizas sólo podían ser recibidas como monjas sin velo ni voto. Debían, además, tener buenas costumbres. 
Tenían limitaciones para su aseo, y también para recibir la comunión; disposiciones que fueron modificándose con los años.
El convento estaba encabezado por una priora. Las niñas ingresaban al convento a temprana edad y aprendían allí a leer y a escribir.  Una vez completada su educación, podían regresar a sus casas, o continuar con el noviciado por dos años más, para después convertirse en monjas (no debían de tener menos de 15 años de edad).
Realizaban votos de pobreza, castidad y obediencia. Sin embargo, en las primeras épocas del monasterio, las religiosas iban al convento con sus sirvientas y ajuares, cada cual más lujoso, y contaban con celdas propias mandadas a construir por sus padres o familiares y en las tenían su vivienda, con cocina incluida.
El monasterio se financiaba con las dotes de las novicias (entregadas al profesar), con la renta de sus propiedades, y con las donaciones.  Existían las famosas “devociones”, por las cuales las monjas, siempre acompañadas de una monja “oidora”, proporcionaban consuelo a caballeros que buscaban un refugio para sus problemas personales a cambio de que éstos les financiaran la comida, el vestuario y la decoración.  Lo hacían a través de locutorios.
Durante tres siglos el monasterio sirvió de refugio  para mujeres que acudían a él, ya sea  por vocación propia, como por decisión de sus padres o por  búsqueda de  amparo para sus problemas personales.  Al ponerse el velo negro, después de haber hecho el noviciado, la monja muere para el mundo y se arrepiente de sus culpas pasadas.
En épocas anteriores, cuando una monja moría, se le velaba y enterraba en el cementerio conventual.  Se acostumbraba ha hacer una pintura de la muerta.
El convento se precia de haber alojado a la beata arequipeña Sor Ana de los Ángeles Monteagudo, quien fuera priora de aquel, y que actualmente se encuentra en proceso de canonización.
Cuenta con una pinacoteca, dentro de la cual se encuentra una colección de cuadros predominantemente religiosos, y de gran importancia artística y religiosa.
El Monasterio de Santa Teresa, fundado en 1710, ha sido abierto al público recientemente, después de 295 años.  Es una joya colonial maravillosa, y dentro de la quietud de sus paredes y claustros bucólicos y acogedores, se puede encontrar una colección inigualable de pinturas, esculturas, orfebrería, pinturas murales y demostración de técnicas empleadas en su confección; así como muebles y objetos decorativos.  Posee un nacimiento de una belleza inigualable.
El templo principal alberga la imagen del”Niño Terremotito”, del que cuentan que sobrevivió los terremotos de Arequipa milagrosamente, y del que dicen que escapa de los brazos de su madre a pasear por los alrededores de la ciudad.
Arequipa, ciudad blanca maravillosa, es hogar de estas joyas arquitectónicas dentro de cuyos muros se plasma un pedazo importante de la historia del Perú colonial.






Lucia Newton de Valdivieso                                                NY, 16 de Diciembre del 2008


miércoles, 28 de agosto de 2013

El Chapín de la Reina










En aquellas épocas absolutistas, cuando los reyes demandaban de sus súbditos lo que le daba la gana, para satisfacer sus extravagancias, surgió en España, alrededor del siglo XIV, en el Reino de Aragón, un increible impuesto al maridaje que servía para pagar los extravagantes matrimonios de los reyes y de sus hijas.  Por ejemplo, Jaime II lo percibió al casarse sus dos hijas, así como cuando él se casó con María de Orleans en 1315.  Este cobro de impuesto se extendió por todos los reinos de España para ser pagados por los "plebeyos", y eran generalmente las Cortes los que los concedían.  El pago se hacía a plazos, generalmente cada cuatro meses, hasta que se cubriese el costo del matrimonio.  Hubo reyes que se casaron varias veces, como Pedro IV, quien contrajo nupcias cuatro veces, y que además tuvo varias hijas , y que disfrutaron de este impuesto en demasía.
Con el tiempo, ya por el siglo XV, hubo muchos levantamientos entre los súbditos por el pago de este impuesto millonario que afectaba la estabilidad económica de los pueblos y al que los monarcas se sentían con derecho establecido. Fue entonces que éste se limitó al pago de las bodas de los reyes, más no el de sus hijas.  Así pasó a llamarse "el chapín de la reina", haciendo alusión a un zapatito  con plataforma de corcho forrado en cordobán ( cuero de Córdova, cuero de potro, de textura muy suave) que se puso de moda en esos tiempos, y que usaban las reinas en el día de su matrimonio.  Estos zapatos fueron origen de muchas críticas, ya que sus tacos alcanzaban los 40 cms. y limitaban el andar, además de que causaron muchos accidentes, especialmente entre mujeres embarazadas. Se pusieron de moda cuando se introdujeron estos tacos para evitar que el barro ensuciara el brocado, la tela y el cuero que formaban parte de la envoltura superior de los zapatos. 
Cuando Felipe IV se casó con Mariana de Austria allá por el año 1608,después de enviudar de Isabel de Borbón, incurrió en gastos fabulosos para traer a la reina desde Alemania, mandándole joyas costosísimas a cada puerto donde ella ponía pie.  Dicen que las celebraciones fueron fastuosísimas, y que en las doce fiestas que se hicieron para esa ocasión, hubo corridas de toros, representaciones de comedias,máscaras, y abundante comida.
Existe una carta que el rey dirigió al concejo y regidores de la Villa de Madrid, en la que pide ayuda económica para su boda: "La conveniencia pública y el amor que tengo a mis vasallos, me ha obligado a tratar del segundo matrimonio que tengo concertado con mi sobrina.  Y aunque yo he deseado excusar siempre todo género de gastos y no agravar a mis reynos...siendo preciso traer a mi sobrina desde los confines de Alemania, con la decencia y autoridad correpondiente a mi persona y la suya, también lo es que me sirvais para estos gastos como lo han hecho estos reynos y tienen la obligación de hacerlo en tales ocasiones."
El ayuntamiento de Madrid mandaba a un tesorero  para que se hiciera cargo del chapín de la reina.  Se mandaba a un notario que entregaba el pedido al alcalde del pueblo o en su defecto, al cura o a un escribano, para que se cobrara entre los campesinos y mercaderes. 
Muchas veces este impuesto no pudo ser pagado en su totalidad, debido a la tremenda carga económica que éste representaba, además de que los pueblos se encontraban en gran pobreza y no podían cumplir con los excesivos impuestos que se les cobraban, y cuyo pago demoraba hay veces años por la falta de posibilidades para hacerlo.
Con el tiempo, este impuesto fue suprimido. 
En las colonias de América, una de las ceremonias más celebradas era el matrimonio del rey de España. Cuando llegaban las noticias de España, de que el rey se había casado, se celebraba la ocasión con gran alegría.  Las campanas de la ciudad repicaban incesantemente y habían fuegos artificiales, corridas de toros y un Te Deum en la Catedral. Era reglamento que las colonias presentaron un valioso regalo a la nueva reina.  Así, el virrey reunía en su palacio a las autoridades civiles y religiosas y a los pudientes y potentados y se hacía una colecta.  El virrey iniciaba su contribución con un mes de su sueldo, y luego le seguían los funcionarios públicos, eclesiásticos y civiles.  La nobleza también contribuía con fuertes sumas y los mitayos y mineros con sumas menores.  Se dice que para el matrimonio del rey Carlos II en 1665, ser reunió un millón de pesos que se enviaron en forma de barras de plata y de oro. A otras reinas se les enviaron joyas valiosísimas.    Entre las colonias había competencia sobre cuál de ellas mandaba de mejor regalo, y se dice que ninguna de las colonias de América fue más fastuosa que el virreynato del Perú.
Cuando estaba listo el Chapín, se exhibía en la secretaría virreynal y allí  los donantes firmaban pergaminos que luego serían entregados en Madrid por una comisión especialmente designada por el virrey, a nombre de los vasallos del rey en "las Indias".  





martes, 27 de agosto de 2013

Nuevo Descubrimiento Arqueológico en Perú

Encuentran una nueva tumba de una sacerdotisa de la cultura Moche en Chepén, Perú.
Del Diario Oficial El Peruano, les transcribo la información y también un video del el diario El Comercio.

Hallan tumba de sacerdotisa moche en Chepén
Un grupo de investigadores descubrió una imponente cámara funeraria en la que hace 1,200 años fueron enterrados los restos de una mujer que gobernó durante el período Moche Tardío B (750 u 800 después de Cristo), se informó esta semana.


El director del proyecto arqueológico San José de Moro, Luis Jaime Castillo, reveló que los arqueólogos y estudiantes que trabajan en diferentes unidades de excavación se toparon hace dos semanas y media con un relleno de tierra en forma de 'L' y un conjunto de adobes sueltos que serían la entrada principal de la cámara funeraria.

Descripción

Ese sector era un lugar dedicado al culto de los ancestros, en cuyo alrededor los súbditos mochicas dejaron múltiples evidencias, como cántaros de diferentes tamaño y cocinas para la elaboración de chicha, precisó. Castillo agregó que tras conocerse el hecho se dispuso intensificar los trabajos de extracción de cientos de toneladas de relleno que cubrían la cámara funeraria.

El viernes pasado, una de las jóvenes estudiantes de la Universidad de Harvard de Estados Unidos que trabajan en el proyecto empezó a desenterrar un pequeño ídolo de cerámica que fue depositado con los restos de un bebé. Posiblemente sería un sacrificio posterior al entierro principal.

Cifra
    
1,200
años de antigüedad se estima que tiene la monarca moche hallada en huaca de CHepén.


Publicado: 03/08/2013



viernes, 23 de agosto de 2013

Manejando en Lima, Perú. El problema del parque automotriz

Manejando en  Lima!  Es un video que anda circulando por los medios y que quise compartir con mis lectores.





LA POBRE VIEJECITA: CUENTO DEL RAFAEL POMBO

Cuando yo era chica, mi abuela me regaló un librito de cuentos que había sido de mi papá. Me encantó porque tenía unas figuritas de colores parecidas a las figuritas que intercambiábamos cuando éramos chicos.  Y la historia de la viejecita tenía un significado muy especial.  Hay personas que tienen de todo, pero siempre se quejan de su mala suerte.  Sin embargo hay otros que ya quisieran tener un pedacito de la suerte de ellos. Además la suerte o el exito en la vida, lo formamos en su mayor parte nosotros, con nuestras elecciones o actitudes ante situaciones que se nos presentan.

LA POBRE VIEJECITA
Rafael Pombo (colombiano)





Érase una viejecita 
Sin nadita que comer 
Sino carnes, frutas, dulces, 
Tortas, huevos, pan y pez

Bebía caldo, chocolate, 
Leche, vino, té y café, 
Y la pobre no encontraba 
Qué comer ni qué beber.

Y esta vieja no tenía 
Ni un ranchito en que vivir 
Fuera de una casa grande 
Con su huerta y su jardín

Nadie, nadie la cuidaba 
Sino Andrés y Juan y Gil 
Y ocho criados y dos pajes 
De librea y corbatín

Nunca tuvo en qué sentarse 
Sino sillas y sofás 
Con banquitos y cojines 
Y resorte al espaldar

Ni otra cama que una grande 
Más dorada que un altar, 
Con colchón de blanda pluma, 
Mucha seda y mucho olán.

Y esta pobre viejecita 
Cada año, hasta su fin, 
Tuvo un año más de vieja 
Y uno menos que vivir

Y al mirarse en el espejo 
La espantaba siempre allí 
Otra vieja de antiparras, 
Papalina y peluquín.

Y esta pobre viejecita 
No tenía que vestir 
Sino trajes de mil cortes 
Y de telas mil y mil.

Y a no ser por sus zapatos, 
Chanclas, botas y escarpín, 
Descalcita por el suelo 
Anduviera la infeliz

Apetito nunca tuvo 
Acabando de comer, 
Ni gozó salud completa 
Cuando no se hallaba bien

Se murió del mal de arrugas, 
Ya encorvada como un tres, 
Y jamás volvió a quejarse 
Ni de hambre ni de sed.

Y esta pobre viejecita 
Al morir no dejó más 
Que onzas, joyas, tierras, casas, 
Ocho gatos y un turpial

Duerma en paz, y Dios permita 
Que logremos disfrutar 
Las pobrezas de esa pobre 
Y morir del mismo mal.

Aquí va un texto del Nuevo Testamento sobre una parábola que contó Jesús, y que podría completar aquello que le pasa a aquellas personas que viven en un completo desinterés de lo que pasa a su alrededor y que cuando se encuentran en situaciones difíciles, nunca saben reconocer sus mezquindades.  Hay mucha personas que  educados en la opulencia viven una vida falsa, y no se dan cuenta que a su alrededor hay personas que necesitan desesperadamente su ayuda para contribuir a fundar un mundo mejor en el que se compartan los bienes que poseemos con gran justicia.

Había un hombre rico, que se vestía de púrpura y de lino fino y hacía cada día banquete con esplendidez. Había también un mendigo llamado Lázaro, que estaba echado a la puerta de aquel, lleno de llagas, y ansiaba saciarse de las migajas que caían de la mesa del rico; y aun los perros venían y le lamían las llagas.
Aconteció que murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham; y murió también el rico, y fue sepultado. En el Hades alzó sus ojos, estando en tormentos, y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno.
Entonces, gritando, dijo: "Padre Abraham, ten misericordia de mí y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua y refresque mi lengua, porque estoy atormentado en esta llama".
Pero Abraham le dijo: "Hijo, acuérdate de que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro, males; pero ahora este es consolado aquí, y tú atormentado.
Además de todo esto, una gran sima está puesta entre nosotros y vosotros, de manera que los que quieran pasar de aquí a vosotros no pueden, ni de allá pasar acá".
Entonces le dijo: "Te ruego, pues, padre, que lo envíes a la casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que les testifique a fin de que no vengan ellos también a este lugar de tormento".
Abraham le dijo: "A Moisés y a los Profetas tienen; ¡que los oigan a ellos!"
Él entonces dijo: "No, padre Abraham; pero si alguno de los muertos va a ellos, se arrepentirán".
Pero Abraham le dijo: "Si no oyen a Moisés y a los Profetas, tampoco se persuadirán aunque alguno se levante de los muertos".
Lucas 16, 19-31.




jueves, 22 de agosto de 2013

Gabriela Mistral



Gabriela Mistral, (1889-1957) pseudónimo de Lucila Godoy Alcayaga, fue una poetisa chilena progresista, luchadora por los derechos sociales y los de la mujer, una gran autodidacta, diplomática y docente y una gran protectora de los niños. En 1914 se presentó y ganó el primer premio en  los Juegos Florales, concurso literario de su país, por la presentación de su obra Sonetos de la Muerte.
Fue la primera latinoamericana y la primera perteneciente al género femenino que gano el Premio Nobel de Literatura en 1945.
Nació en Vicuña, Chile y se crió en la ciudad andina de Montegrande.   Su padre abandonó el hogar a temprana edad y su madre la mantuvo sus primeros años con su labor de costurera.  A pesar de nunca haber seguido estudios después de los 12 años de edad, fue una gran autodidacta y logró trabar amistad y trabajar con personalidades como José de Vasconcelos y tambíen con Pedro Neruda.  Viajó por todo el mundo desempeñando muchos puestos docentes y diplomáticos.
Murió en Nueva York  en 1967, de cáncer al páncreas, a la edad de 67 años.  Sus restos fueron trasladados a Chile 9 días después de su muerte, adonde fue recibida por su pueblo con gran dolor. Chile declaró tres días de duelo por su muerte y cientos de miles la acompañaron es su entierro.
Fue autora de diferentes libros y poesías entre los que se pueden mencionar como los más importantes: Piecitos de Niño, Balada, Todas Íbamos a ser reinas, La Oración de la Maestra, el Ángel Guardián, Decálogo de la Artista y a Flor de Piel. 
Sus poemas son románticos y algunos temas centrales son el amor, la naturaleza, el amor de una madre, el dolor y el perdón y la identidad latina.  Uno de sus poemas más mencionados es Su Nombre es Hoy, donde hace una defensa de la educación del niño:
Hoy
Somos culpables de tantos errores y tantas faltas.
Pero el peor de nuestros crímenes
es abandonar a los niños, 
despreciando la fuente de la vida.
Muchas de las cosas que necesitamos pueden esperar. 
El niño no puede.
Ahora es la hora,
Se están formando sus huesos,
Se está haciendo su sangre,
Y se están desarrollando sus sentidos.
No podemos responderle "mañana".
Su nombre es "hoy".

En una vieja revista de mi abuela encontré esta poesía de Gabriela, que refleja su gran preocupación por la protección maternal de los niños:

                                                                          MIEDO

Yo no quiero que a mi niña 
golondrina me la vuelvan;
se hunde volando en el Cielo
y no baja hasta mi estera;
en el alero hace el nido
y mis manos no la peinan.
Yo no quiero que a mi niña
golondrina me la vuelvan.

Yo no quiero que a mi niña
la vayan a hacer princesa.
Con zapatitos de oro
¿cómo juega en las praderas?
Y cuando llegue la noche
a mi lado no se acuesta...
Yo no quiero que a mi niña
la vayan a hacer princesa.

Y menos quiero que un día
me la vayan a hacer reina.
La subirían al trono
a donde mis pies no llegan.
Cuando viniese la noche
yo no podría mecerla...
¡Yo no quiero que a mi niña
me la vayan a hacer reina!


Cuando yo era niña se mudó a mi barrio de Miraflores, una señora chilena que tenía una hija de mi edad.  Se llamaba Sylvia, pero no me acuerdo de su apellido.  Su madre era linda y nos enseñaba a bordar y a leer cuentos y poesía.  Ella nos contó que era sobrina de Gabriela Mistral y siempre nos hablaba de ella.  Esta vez, viendo el libro de mi abuela, la recordé y quise escribir sobre esta gran autora.  Siempre recuerdo con nostalgia aquellos momentos en los que tuve la oportunidad de poder estar alrededor de gente que me ayudó en mi formación intelectual durante los años de mi niñez.