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Sunday, June 5, 2011

Julio César Arana y Roger Casement: A Propósito del "Sueño del Celta"

El Artículo que aquí presento es un complemento a la infame historia de la explotación del caucho en el Perú.
Un excelente libro que describe la historia de aquella en el mundo, y también en el Perú, es el "Sueño del Celta"de Mario Vargas LLosa, que se centra en la historia de Robert Casement, el cónsul británico, nacido en Irlanda, quien luchó por lograr la protección de los derechos de los trabajadores del caucho en Africa y Suramérica...mayormente en el Perú.  También nos cuenta el destino final de este polémico personaje, quien en su lucha nacionalista e independentista por su tierra de origen, Irlanda, es acusado y ajusticiado por  el gobierno Británico por traición a la patria que lo acogió...además de atribuirle en base a unos diarios que se le encontraron,  el delito de homosexualidad.





Ficha bibliográfica

Titulo: Julio César Arana y Sir Roger Casement.
Edición original: 2005-05-16

Edición en la biblioteca virtual: 2005-05-16

Publicado: Biblioteca Virtual del Banco de la República

Creador: PINEDA CAMACHO Roberto
















EDICION 160
ABRIL DE 2003


JULIO CESAR ARANA Y SIR ROGER CASEMENT.
DESTINOS CRUZADOS. El caucho, un comercio infame. Por: ROBERTO PINEDA CAMACHO


Tomado de: Revista Credencial Historia.

(Bogotá - Colombia). Edición 160

Abril de 2003


El 2 de agosto 1916, en la prisión de Pentonville, un día antes de morir ahorcado —acusado de alta traición por el Gobierno de Su Majestad— el antiguo y admirado Sir Roger Casement abrió un telegrama, presumiblemente enviado desde Francia.

N o debió sorprenderle, pero sí debió crearle algún sentimiento de rabia y quizás de serena melancolía, a él, el gran investigador de los derechos de los pueblos oprimidos, sometido inexorablemente al conteo regresivo de las horas y minutos antes de abandonar la vida de forma involuntaria. El telegrama firmado por J.C. Arana lacónicamente le pedía, como si fuese también la última oportunidad también para Arana, que se retractase de los cargos, para lavar su nombre de las atrocidades del Putumayo.





Julio Cesar Arana.


Tres años antes, Casement había llegado al Parlamento británico, en Londres, lleno de documentos, papeles y mercancías provenientes del Putumayo: estas últimas las había arrojado al estrado de los jueces, como verdaderos objetos dignos del Museo del Comercio, como muestra del " comercio infame". El mismo año, Arana había también pisado Londres, entre la expectativa general de la opinión londinense, para enfrentarse ante el temible jurado del Comité de la Cámara de los Comunes encargado de estudiar la responsabilidad de la Peruvian Amazon Company y de su honorable cuerpo directivo. Ambos, el implacable Casement y el también implacable gerente, enfilaron sus baterías. Aunque Arana aceptaba los cargos, no se amilanó; e incluso la opinión pública y la prensa local comenzaron a mostrar un extraño respeto por este empresario de la selva que no encajaba del todo en sus estereotipos sobre los "salvajes" o bárbaros modales de los suramericanos, y que les semejaba más bien un "presidente suramericano".





Sir Roger Casement.

Pero Arana y sus cuñados saben que el negocio se encuentra en la plaza de Iquitos, sede de los principales casas comerciales y caucheras del alto Amazonas. Hasta allí ascienden los grandes vapores ingleses que engullen el caucho hasta Europa y los Estados Unidos. La operación no es fácil: significa abrirse paso entre los patrones poderosos que dominan el alto Amazonas: representa luchar contra los "Fitzcarraldo" que en parte controlaban ya las selvas del Perú y Bolivia. Pero el momento es el oportuno; el caucho sigue ascendiendo de precio. Los otros grandes imperios del alto Amazonas —por ejemplo, la Casa de los Hermanos Suárez— estaban en proceso de consolidarse.


Arana toma una crucial decisión, porque necesita incrementar su capital comercial. Literalmente desaparece de Iquitos, y se traslada para el Yavarí, río lleno de caucho, de peligros, de enfermedades y también de "indios" que resisten la penetración cauchera. Es el destino del cauchero, vivir o vencer los raudales, las enfermedades, la soledad de la selva y, según su parecer, dominar o ser muerto por los indios. El Yavarí es la marca de fuego. Muchos caen víctimas de la malaria y de la fiebre amarilla. Otros sucumben con sus cargamentos de mercancías o de caucho.

Al cabo de tres año de intenso trabajo, Arana regresa triunfante, pero también marcado por el beriberi que dejará en él su huella ineluctable. Entones otea el horizonte, se hace a ciertas embarcaciones y lanchas y comienza de nuevo a navegar por el Amazonas. En 1899 asciende por primera vez el río Putumayo, donde halla numerosas barracas colombianas y miles de indios que viven en malocas a lo largo de sus principales afluentes. Allí vislumbra lo que será su futuro como barón del caucho: crear un verdadero "imperio" en el Putumayo que rivalice con la Casa Suárez, con Fitzcarraldo, con Vaca Díez, entre otros siringalistas. A diferencia de otras zonas, aquí abunda sobre todo la mano de obra.




Vegetación CaucheraW. Hardenburg. "El Putumayo, paraíso del diablo"

Londres,1912.



A principios de siglo ya es un hombre relativamente rico: tiene numerosas lanchas, controla el comercio, transporta el caucho, y ha creado ya —en 1903— la Casa Arana Hermanos en el Putumayo. Tiene una buena posición en la ciudad y es un hombre respetado. Se le llama incluso el "Abel del Amazonas", para caracterizarlo.


En 1902, al otro lado del mundo, Roger Casement, cónsul británico en el Congo Belga, escribe un inusual memorándum al Foreign Office, denunciando las atrocidades cometidas en la extracción del caucho bajo el control del rey Leopoldo de Bélgica, a quien la conferencia de Berlín de 1883-84 le había concedido este territorio casi como su propio dominio personal. Los informes del cónsul eran graves y ponían en un dilema a la política exterior británica. El mundo se había repartido entre las potencias en Berlín y cualquier otra jugada en el ajedrez significaba un nuevo desequilibro en las colonias. Es más: los alemanes podían aprovecharse de la situación e incrementar su presencia en Africa. La tosudez en la denuncia de los hechos por parte del cónsul en el Congo parecía inexorable, hasta el punto de que el propio embajador británico en Bruselas señalaba que el "clima tropical había afectado el juicio" de su colega en Africa tropical.


¿Quién era este hombre que se alzaba de forma tan decidida contra el colonialismo belga y cuya actitud desafiante prefiguraba ya su lucha contra el colonialismo?. Había nacido en Kingstown, Irlanda, en 1864, y desde 1895 se había enrolado en el servicio consular británico en Africa, donde estaría hasta 1904. Luego, también prestaría sus servicios al Foreign Office en Sur América, particularmente en el Brasil y en una misión al Putumayo (1906-1913). Hijo de una admirador de Mazzini, el gran ideólogo y defensor del nacionalismo italiano y europeo —precursor de la idea de una Comunidad Europea—, Roger Casement participó como combatiente del contigente irlandés en la guerra de los Boer, lo que le había merecido una medalla de honor. Sin embargo, en esta guerra se despertarían sus sentimientos antiimperialistas, que lo conducirían más tarde a la horca. "Yo empecé —dirá más tarde­ con el sentimiento de hacer lo correcto, pero después sentí vergüenza de ir contra esta gente. Tengo una medalla de la guerra de los Boer, pero nunca la he exhibido".


Las razones de Estado no convencían del todo a Casement, para quien la justicia y la libertad primaban sobre los supuestos intereses de los imperios. Terminada su misión consular, Casement regresó a Inglaterra y, a través E.D. Morel y otros publicistas, colocó la cuestión del Congo en primer plano. Esto, sin duda, le generó problemas y resistencias, dificultades económicas y grandes enemigos.


En 1910, Casement se encuentra rumbo al Amazonas. Como cónsul británico en Río de Janeiro se le ha encomendado la misión de estudiar los escándalos del Putumayo; se acusa a la Peruvian Amazon Company, o Casa Arana, de haber creado otra especie de Congo, pero esta vez británico, en la Amazonia. En el curso del ascenso por Amazonas, Casement, de incógnito, dialoga con algunos de los pasajeros de su barco, entre ellos un prestante comerciante y cauchero de Iquitos. La conversación —registrada en su diario— es iluminadora y en cierta forma le revela la lógica de todo el sistema. Antes de pisar el Putumayo, Casement capta la verdad de los hechos, los resortes esclavistas de la extracción cauchera en el Putumayo y otras regiones del Amazonas.


En menos de cinco años, Arana logró convertir su Casa Cauchera Peruana en una gran compañía internacional, radicada en Londres. Había logrado el sueño de los grandes barones del caucho y era un hombre respetable en el Perú y en el Amazonas. En 1904 envió a su familia a estudiar y vivir en Europa. Su inmensa casa de Iquitos de diez cuartos quedó prácticamente desahabitada, y él mismo tenía como residencia una modesta casa en Manaos. Sus cuñados manejaban el negocio en Iquitos y había colocado gente de su entera confianza en el Putumayo. Ocasionalmente visitaba la región, pero su preocupación mayor era la negociación con Londres y el funcionamiento de su por entonces ya extensa flotilla de barcos de vapor que hacía las rutas entre La Chorrera, El Encanto y la ciudad de Iquitos. Tiene nexos con los senadores en Lima y acceso, incluso, al presidente. En síntesis, era cauchero, comerciante, transportador y banquero. Guardaba una relativa austeridad y cultivaba con acierto a las autoridades. Al Putumayo nadie podía entrar a no ser en sus lanchas y pagaba incluso hasta los militares y los jueces de paz. Allí, realmente, podía decir: "El Estado soy yo".







Una mujer indígena condenada a muerte por hambreFotografia en W. Hardenburg,1912

Para ese año de 1913, los años de "gloria" para la Compañía habían sin duda pasado. El caucho perdía valor y la competencia del caucho de plantación asiático auguraba un futuro aún más incierto. Arana intentó vender el Predio Putumayo, pero sus intentos fracasaron. Los grandes barcos dejaron de visitar a Iquitos y las casas comerciales europeas migraron a otros lugares. La primera Guerra Mundial absorvió la atención de los ciudadanos ingleses y de otras partes del mundo, y el Putumayo quedó tan solo como antes, bajo la férula de Arana, que no modificó sus métodos.




Arana había nacido en 1884 en Rioja, un pueblo escondido en la selva cerca de Moyobamba. Era uno de los hijos de Martín Arana, un hombre de clase media que honestamente solventaba la vida de su familia. A los 14 años, Arana se encuentra ya negociando sombreros de Panamá entre Chachapoyas y Cajamarca, y pocos años después, en 1881, empieza su verdadero aprendizaje de negocios en el Amazonas, en cuyos ríos pululaban cientos de barracas y hombres que explotaban el caucho. Como muchos jóvenes de su generación, vendían al "regatón" sombreros y otras mercaderías entre los caucheros, penetrando por las selvas del oriente peruano; ascendió los temibles ríos Yurúa, Purus y Yavarí, y recorrió el territorio del Acre, abasteciendo a los siringalistas y aprovechando ciertos instersticios para hacerse al preciado caucho.


Quiere ser cauchero, como todos los hombres de su tiempo en el Amazonas; y sabe que para ello es necesario contar con su propia barraca, con su propio capital. En el año 1888 Arana se casa con Eleonora Zumaeta y ese mismo año funda un "puesto" (barraca) con su cuñado Pablo Zumaeta en el río Yurimaguas. Como otros caucheros y futuros barones del caucho, estableció su empresa sobre los lazos familiares, de los cuales esperaba lealtad y compromiso, en la vida y en la muerte, en las ganancias y en las crisis. Es un hombre distante, medido, calculador, austero, amigo de la lectura, amante de su mujer; es culto, de buenos modales; se cierra ante los que abusan de su confianza, pero también es astuto como un tigre, no le teme al río ni a los raudales y está dispuesto, por sobre todo, a ser un empresario cauchero. Esa es su pasión; así concibe, por entonces, su destino.


En los años siguientes lo vemos descendiendo el Amazonas hasta el nordeste brasilero, para enganchar trabajadores de Ceará que explotasen las estradas de caucho que había adquirido en el río Yurimaguas. Es un viaje "normal", de miles de kilómetros en barcos de vapor, que incluso volverá a repetir, para traer familias campesinas que, acosadas por la sequía, acogen cualquier destino que se les ofrezca.






Barraca Ultimo Retiro de la Casa Arana

sobre el alto río Ingaraparaná.


El 8 de abril de 1913 cuando Arana se enfrentó al Comité de la Cámara de los Comunes, obtiene la concesión de declarar en castellano y la promesa de que podría revisar la versión inglesa del testimonio, acotando las frases respectivas del documento en castellano. En medio de un auditorio cuya lengua desconocía, trata de explicar lo que de todos modos era un mundo ajeno y desconocido para sus acusadores. En vano trató de presentarse como un "civilizador", algo que presumiblemente él mismo creía, y sostuvo para justificarse que los indios del Putumayo eran —como había resaltado de forma pública también en el homenaje que se le hiciera el año anterior en Iquitos— "tribus salvajes" y "antropófagos". El resultado ante el Comité le fue adverso y se procedió a la liquidación de la Compañía. Los miembros del Parlamento no pudieron dejar de verlo como un nuevo Cortés o Pizarro, como un nuevo Conquistador del Amazonas, con sus métodos e imaginarios.






Indios caucheros encadenados. Fotografia en W. Hardenburg,1912



Por eso, esta oportunidad de zaherir profundamente al Casement aprisionado, mas no acorralado, no podía pasarla, aún a costa de evocar nuevamente los hechos del Putumayo. Casement había sido capturado en una playa, cuando desembarcaba de un submarino alemán. Había al parecer pactado con los alemanes la conformación de un contingente irlandés formado por prisioneros de guerra de los alemanes, que desembarcaría en Irlanda para apoyar la lucha nacional contra los británicos o, en su defecto, para apoyar la lucha de los nacionalistas egipcios. El veterano investigador de las atrocidades coloniales, elevado por sus servicios a la categoría de Sir en 1912, moría ahorcado el día 6 de agosto de 1912, a pesar de las peticiones de sus amigos y de prestantes intelectuales. En los años subsiguientes, los servicios británicos falsificarían sus diarios del Putumayo, destacando su condición homosexual. Traidor y homosexual eran, sin duda, dos calificativos suficientemente fuertes para sepultar, aparentemente, su honra y estima.


Entre tanto, Arana recompuso su empresa y, a finales del veinte, fue investido en dos ocasiones con el cargo de senador por el departamento de Loreto en el Congreso en Lima, y uniría su firma a las de algunos de sus principales acusadores y contraventores para protestar contra el Tratado Salomón­Lozano (1924) que confería la banda norte del Putumayo a la República de Colombia, y para acusar de alta traición al presidente Leguía.


Arana sobrevivió por largos años a Casement. Nunca cambió su actitud frente al Putumayo, y a última hora, cuando la ratificación del Tratado era inminente, jugó su última carta: el traslado masivo de la población indígena al costado peruano. Hasta el final de sus días quizás siguió creyéndose a sí mismo su propia historia, percibiéndose como un "civilizador de tribus salvajes y antropófagas".


Quizás sea atrevido decir que Arana era un hombre malo; malo era sin duda el sistema que atrapó a unos y otros en una verdadera Vorágine y que dividió el campo entre victimarios y víctimas, incluso en un momento más allá de las intenciones de los hombres.






PRODUCCIÓN DE CAUCHO


ÁREA PUTUMAYO


ARANA, HERMANOS Y CÍA.


AÑOS

KILOS


1900

15.883


1901

54.180


1902

123.210


1903

201.858


1904

343.488


1905

470.692


1906

844.897


TOTAL

1.853.897









POBLACIONES INDÍGENAS


DEL ÁREA UITOTO (1900)


Etnia

Población, Estimada


Uitoto

30.000


Miraña

15.000


Ocaina

2.000


Andoque

10.000


Nonuya Uitoto

1.000


Muinane de Sabana

10.000


Bora

3.000


Resigero

1.000




















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