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Sunday, June 5, 2011

ORO NEGRO: Segunda Parte de la Historia del Caucho en el Perú

                                                                       "ORO NEGRO"
Segunda Parte que le sigue a Cahuchu, el Arbol que Llora

En este artículo se continúa la historia de la vida de los barones del caucho y de sus subordinados en la amazonía Sudamericana.   Como ya había indicado, el peruano Julio César Arana fue uno de los más grandes caucheros de la época.

En 1889, con su cuñado Pablo Zumaeta, se dedicó a la explotación de la goma. Así fue que compró unas tierras cerca a Yurimaguas y decidió traerse trabajadores de Ceará, región pobrísima de la hoya amazónica. Estos hombres eran llamados los “flagelados” y vivían en condiciones infames en tierras abatidas por la sequía y completamente improductivas. Arana, en sus viajes por los ríos los había visto pidiendo trabajo de puerta en puerta y que eran frecuentemente empleados por los barones del caucho. Cuando llegaban a Yurimaguas, ya estos hombres le debían 30 libras esterlinas a Arana por su pasaje desde Ceará. Arana les “proporcionaba” una Winchester, municiones, víveres y ropas que les debían durar tres meses. A cambio de ello, los trabajadores se comprometían a pagarle con el látex que recolectaran. Quizás el costo de lo adquirido le significaba a Arana solo 4 libras esterlinas; sin embargo, él estipulaba un precio de 70 libras esterlinas. Muy pocos hombres podían colectar suficiente caucho para el pago de sus deudas, y al terminar los tres meses e iniciar el siguiente trimestre, contaban con una deuda cada vez más alta. No podían escapar porque los barones del caucho contaban con hombres que los cazaban y podían darles la pena de muerte. El trabajo era constante y sus condiciones de vida eran miserables. En las plantaciones, los árboles se encontraban a cien metros de distancia con respecto a los demás y mezclados con muchísimas otras variedades de árboles. Los shiringueros (recogedores del jebe o “shiringa”) salían temprano en la madrugada a recoger el caucho. Hacían incisiones en espiral en la corteza de los árboles y colgaban una latita debajo de ellas para que vertiera el líquido. A veces, este proceso duraba hasta bien avanzada la noche y casi no se alimentaban. Al mediodía salían a recoger el producto en baldes galvanizados. Luego, se le “curaba”, ahumándolo en chozas de palmeras y moviéndolo constantemente con una especie de remo de madera para formar inmensas bolas de jebe de 200 libras que se llevarían en canoas a la tienda de Arana. Los mosquitos, y la malaria que transmitían, los atacaban constantemente. Los cortes en sus cuerpos les producían infecciones. El peligro constante de víboras y animales salvajes, los atormentaba. Arana les pagaba una décima parte del precio real del jebe. “El más trabajador de los recolectores no podía producir más de 25 libras de goma ahumada en un día de 12 horas. Un árbol de goma, en su mejor estado, podía producir máximo un poco mas de 3 libras de goma al año, y en la época de lluvias, entre Diciembre y Junio, la goma se ponía dura y no se podía recolectar” (Collier Richard, “El Rio que Dios Olvidó”, 1968). Las deudas crecían....


Posteriormente, Arana vendió su plantación inicial y pronto había comprado una inmensa cantidad de tierras para plantaciones de caucho y cobraba derechos en seis ríos diferentes.  Pasado un tiempo, Arana se traslado a Iquitos con toda la familia. En 1904 la Casa Arana llego a ser propietaria de 5,872 kilómetros cuadrados, y en 1909 formó, en sociedad con los ingleses, la Peruvian Amazon Company, pero bajo el control gerencial de la familia Arana. En 1909, dos jóvenes americanos que viajaban explorando por la selva peruana y colombiana, Hardenburg y Perkins dieron cuenta a la Sociedad Esclavista y Protectora de Aborígenes Inglesa de las atrocidades cometidas contra la población nativa (se dice que los abusos contra ellos fueron tan grandes que al final de su empresa habían muerto más de 30,000 indios) y los trabajadores del caucho. La denuncia se publicó en un periódico local: The Truth (11 Noviembre de 1909) y se obtuvo el apoyo del Papa y del Presidente Taft para poner fin a estas brutalidades. Arana se defendió, pero como al final no se le podía inculpar en Gran Bretaña y la Primera Guerra Mundial estaba de por medio, no se tomó otra acción contra él  más que disolver la Sociedad. Arana ya era rico y siguió con su negocio hasta que el mercado sudamericano se desplazó a Malasia y Sumatra. En 1918 el abogado colombiano José Eustacio Rivera, como miembro de la Comisión Demarcadora de Límites con Venezuela, remitió un informe sobre los atropellos que se le hacían a la población nativa. En 1925 publicó  su celebre libro “la Vorágine, en el que denuncia las violaciones y abusos contra los indios. 
En 1925, Henry Ford compro dos millones de hectáreas en Santarem, Brasil, con el fin de formar una industria que supliera de llantas a su imperio automotriz. Su hacienda se llamo Fordilandia. Las condiciones erosionadas de un terreno cansado por la explotacion desmedida e irresponsable de los anteriores dueños, llevaron al fracaso de esta empresa y poco después, tuvo que vender su terreno a precio de pérdida (250,000 dolares) al Estado de Pará.
En 1939, el gobierno colombiano indemnizó a Arana con 200,000 dólares americanos por las tierras que poseía en Colombia.
Otro personaje importante en la historia del caucho fue el peruano Carlos Fermín Fitzcarrald (1862-1897). El emprendió la búsqueda de un varadero (camino terrestre que comunica dos ríos) con el fin de comunicar los departamentos de Loreto y Madre de Dios. En ese entonces no se conocía la forma de pasar desde algún afluente del río Urubamba a algunos del Purús o del Madre de Dios, y la carretera era inviable. A pesar de haber tenido una corta vida, Fitzcarrald fue un hombre muy rico y mandó construir una mansión en la confluencia del Ucayali con el Mishagua. En 1893 descubrio el varadero conocido como el Istmo de Fitzcarrald. En 1893 viajó a Iquitos a buscar ayuda para la construcción de una carretera, y más adelante, un ferrocarril, los cuales comunicarían las cuencas del Purús y el Ucayali. En 1894, Fitzcarrald se asoció al cauchero boliviano Nicolás Suárez y juntos mejoraron el tránsito fluvial de barcos. Murió ahogado en un rápido a los 35 años de edad.
La fuerte competencia con los precios que ofrecían las colonias inglesas y holandesas llevaron a una disminución de la producción del caucho en Sudamérica. Ante la imposibilidad del gobierno peruano de controlar la situación de inestabilidad que se había creado en la amazonia entre caucheros, nativos y las constantes invasiones extranjeras en territorio peruano, el gobierno peruano se vio forzado a ceder poco a poco, mediante diversos tratados, grandes extensiones de terrenos a Brasil, Bolivia y Colombia.
Entre 1942 y 1945, durante la Segunda Guerra Mundial, Brasil trató de aumentar la producción anual de látex (de 18,000 a 45,000 toneladas) que se necesitaba para abastecer a las fuerzas aliadas. Millares de trabajadores atendieron al llamado patriota y el gobierno los aprovisionó inicialmente para su viaje; sólo desde el noreste del Brasil viajaron 54,000 trabajadores. Se les ofreció un pequeño salario durante el viaje a la Amazonía y después de su llegada recibirían una remuneración del 60% de toda la ganancia que fuese obtenida con la recolección del caucho. Durante esta época se fortaleció de nuevo la economía del Brasil y Manaos, Belem y otros poblados de los alrededores volvieron a resurgir. Al terminar la guerra, la promesa que les había hecho el gobierno a los trabajadores de regresarlos a sus lugares de origen, no fue cumplida. Sólo regresaron 6,000 trabajadores de los 100,000 que habían ido. Los demás murieron víctimas de la malaria, ataques de animales salvajes y de reptiles e insectos venenosos.
El fin de la época del caucho causó altos índices de desempleo y cuantiosas pérdidas en el ingreso nacional, así como profundas huellas culturales y económicas en las poblaciones de los ríos. Muchos de los trabajadores, al ser desprovistos de su trabajo, se establecieron en la periferia de ciudades que pudiesen ofrecerles mejor situación de vida. Por falta de un lugar para vivir, en Iquitos los trabajadores del caucho comenzaron a construir la ciudad flotante de Belén.; hoy barrio tugurizado y enfermo de Iquitos.
Actualmente se producen 16 millones de toneladas de goma en el mundo para su uso industrial e irónicamente, hoy en día, solo 3% de aquella es natural; el resto es sintético....
El dinero y el poder corrompen las almas; las vuelven duras e insensibles. Esta historia es un ejemplo más de cómo la vorágine, esta especie de borrachera arremolinada y descontrolada que crea el poder, permite el abuso desmedido de los desposeídos, de aquellos a los que no se les permite protestar porque en ello va la estabilidad y la vida de su familia y no se pueden defender porque no saben y no cuentan con los recursos para hacerlo. Esta fue la historia de una destrucción ecológica y cultural; donde el hombre apresa al hombre como animal y lo somete a una servidumbre salvaje sólo para satisfacer sus caprichos más nimios.

William Hardenburg fotos
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